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Más que un Rito: Descubriendo el Verdadero Significado de la Santa Misa

La Misa: Un Portal Entre el Cielo y la Tierra

¿Qué sucede realmente cuando el sacerdote levanta el pan? Descubre la Misa no como una rutina, sino como un Memorial que rompe el tiempo y te conecta con un misterio de 2000 años.

La Misa: Un Portal Entre el Cielo y la Tierra

¿Alguna vez te has preguntado qué está pasando realmente cuando entras a una iglesia católica y ves al sacerdote levantar el pan? Para muchos, la Misa es una rutina de domingo; para otros, un misterio cultural antiguo. Para comenzar a desvelar su significado, lo invito a detenerse un momento e **IMAGINAR la MISA**.

1. El Umbral (La Entrada)

"Ensanchemos nuestro corazón", Papa Francisco

La primera imagen: el hombre que lleva un cántaro de agua

Jesús dice a los suyos que adonde los conduzca un hombre con un cántaro de agua, allí se podrá celebrar la cena de Pascua. “Ese hombre, totalmente anónimo, se convierte en guía para los discípulos que buscan el lugar que después será llamado el Cenáculo. Y el cántaro de agua es el signo para reconocerlo. Un signo que nos lleva a pensar en la humanidad sedienta, siempre en busca de un manantial de agua que la sacie y la regenere” ha dicho el Papa Francisco. Pero – dice - esta “señal” simbólica se refiere a que, para saciar esta sed, el agua de las cosas mundanas no sirve “porque se trata de una sed más profunda, que sólo Dios puede satisfacer”.

Por tanto, el Papa explica que para celebrar la Eucaristía “es preciso reconocer, antes que nada, nuestra sed de Dios: sentirnos necesitados de Él, desear su presencia y su amor, ser conscientes de que no podemos salir adelante solos” y pone de relieve e drama actual en el que encontramos a menudo que la sed ha desaparecido: “Se han extinguido las preguntas sobre Dios, se ha desvanecido el deseo de Él, son cada vez más escasos los buscadores de Dios. Dios no atrae más porque no sentimos ya nuestra sed profunda”. Por ende, la invitación de Francisco es que como Iglesia no puede ser suficiente el grupito de asiduos que se reúnen para celebrar la Eucaristía; “debemos ir a la ciudad, encontrar a la gente, aprender a reconocer y a despertar la sed de Dios y el deseo del Evangelio”.

La segunda imagen: la habitación amplia en el piso superior

La fragilidad de una Hostia rompe las corazas de nuestro egoísmo, Papa Francisco

#Inmaculadocorazóndemaría #hizomasfuertemife
Solemnidad de Corpus Christi
  • En la Solemnidad de Corpus Christi, el Santo Padre recuerda en su homilía que, “Jesús en la Eucaristía se hace cercano a nosotros”, y por ello nos invita a que, ¡no dejemos solos a quienes están cerca de nosotros!
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano - Homilía en la Santa Misa, en la Solemnidad de Corpus Christi, celebrada este 14 de junio, año 2020, XI Domingo del Tiempo Ordinario, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Hacer memoria del bien recibido El Pontífice, comentando la primera lectura que la liturgia presenta en esta Solemnidad señaló que, “la Sagrada Escritura se nos dio para evitar que nos olvidemos de Dios. ¡Qué importante es acordarnos de esto cuando rezamos!”. Por ello, afirmó el Papa, es fundamental recordar el bien recibido: si no hacemos memoria de él nos convertimos en extraños a nosotros mismos, en “transeúntes” de la existencia. “Sin memoria – precisó el Santo Padre – nos desarraigamos del terreno que nos sustenta y nos dejamos llevar como hojas por el viento. En cambio, hacer memoria es anudarse con lazos más fuertes, es sentirse parte de una historia, es respirar con un pueblo. La memoria no es algo privado, sino el camino que nos une a Dios y a los demás”. “Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: ¿Qué son esos mandatos […] que te mandó el Señor, nuestro Dios?, responderás a tu hijo: Éramos esclavos […] y el Señor hizo signos y prodigios grandes […] ante nuestros ojos (Dt 6,20-22)” Hagan esto en memoria mía En este contexto del recuerdo y de la memoria, el Papa Francisco se pregunta: ¿qué pasa si la cadena de transmisión de los recuerdos se interrumpe? ¿Cómo se puede recordar aquello que sólo se ha oído decir, sin haberlo experimentado? Y responde diciendo: “Dios sabe lo difícil que es, sabe lo frágil que es nuestra memoria, y por eso hizo algo inaudito por nosotros: nos dejó un memorial. No nos dejó sólo palabras, porque es fácil olvidar lo que se escucha. No nos dejó sólo la Escritura, porque es fácil olvidar lo que se lee. No nos dejó sólo símbolos, porque también se puede olvidar lo que se ve. Nos dio, en cambio, un Alimento, pues es difícil olvidar un sabor. Nos dejó un Pan en el que está Él, vivo y verdadero, con todo el sabor de su amor”. Y como dice la Primera carta a los Corintios, «cuando lo recibimos podemos decir: ¡Es el Señor, se acuerda de mí!. Es por eso que Jesús nos pidió: Hagan esto en memoria mía».

Corpus Christi


Corpus Christi (en latín, "Cuerpo de Cristo") o Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (antes llamada Corpus Domini ("Cuerpo del Señor"), es una fiesta destinada a celebrar la Eucaristía.

Finalidad de esta solemnidad:
Su principal finalidad es proclamar y aumentar la fe de los católicos en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

Esta fiesta surgió en la Edad Media, cuando en 1208 la religiosa Juliana de Cornillon promueve la idea celebrar una festividad en honor del cuerpo y la sangre de Cristo presente en la Eucaristía, siendo Santo Tomás de Aquino el encargado de difundirla con su obra Oficio y Misa del Corpus, además de componer himnos eucarísticos, como el Pange Lingua.

Milagro que llevó a instituir la fiesta
En el año 1263, mientras un sacerdote celebraba la misa en la iglesia de la localidad de Bolsena, (Italia), al romper la hostia consagrada, brotó sangre.1 Este hecho milagroso, muy difundido y celebrado, dio un impulso definitivo al establecimiento como fiesta litúrgica del Corpus Christi. Fue instituida el 8 de septiembre de 1264 por el papa Urbano IV, mediante la bula Transiturus hoc mundo.

Urbano IV, amante de la Eucaristía, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi”.

Lo que declaró el Concilio de Trento:
El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
 

Juan Pablo II exhortó a que se renueve la costumbre de honrar a Jesús en este día llevándolo en solemnes procesiones.

Milagro Eucarísitico
Oh banquete precioso y admirable! , Santo Tomas de Aquino 
El sacramento que recibes se realiza por la palabra de Cristo, san Ambrosio.
INSTRUCCIÓN DE LOS RECIÉN BAUTIZADOS SOBRE LA EUCARISTÍA, san Ambrosio 
EL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO NOS SANTIFICA, san Fulgencio

¡Oh banquete precioso y admirable!


El santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Solemnidad.

De las obras de santo Tomás de Aquino, presbítero.
Opúsculo 57, en la fiesta del Cuerpo de Cristo, lect. 1-4

El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipe de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuan tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.

Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fie­les, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saluda­ble y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las vir­tudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiri­tual en su misma fuente y celebramos la memoria del in­menso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.

Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más profundamente en el corazón de los fieles, en la última cena, cuando, después de celebrar la Pascua con sus discípulos, iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.

HISTORIA DE LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

La Sagrada Comunión, la Santa Misa

LA BIBLIA ENSEÑA:
Que el alimento del alma, espíritu y cuerpo es la SAGRADA COMUNIÓN, la SANTA MISA; sin ella no hay vida en Cristo Jesús, no hay salud espiritual ni corporal.

"Por lo que a mi me toca, del Señor recibí la TRADICIÓN que les he transmitido, a saber, que Jesús, el Señor, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de dar gracias lo partió y dijo: "esto es mi cuerpo entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía", igualmente, después de cenar, tomó el cáliz y dijo: " este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cuantas veces beban de él, háganlo en memoria mía". Así pues, siempre que coman de este pan y beban de este cáliz, anuncián la muerte del Señor hasta que El venga. Por eso, quien come el PAN ó BEBA el cáliz del Señor indiganamente, peca contra el cuerpoy la sangre del Señor. Examínese, pues, cada uno a sí mismo antes de comer el pan y beber el vino. porque quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propio castigo" 1Cor 11, 23-29.

"Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo». Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados."Mt 26, 26-28. Lc 22, 14-20. Mc 14, 24-25

"Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo»....«Les aseguro que si no comen la carnedel Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él..." Jn 6, 51-58

"Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones"Hch 2,42

"El primer día de la semana, cuando nos reunimos para partir el pan, Pablo, que debía salir al día siguiente, dirigió la palabra a la asamblea y su discurso se prolongó hasta la medianoche."Hch 20, 7


" La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?"1Co10, 16
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Milagro eucarístico en Buenos Aires, Argentina






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EL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO NOS SANTIFICA, san Fulgencio

JESÚS / EUCARISTÍA / CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Del Tratado de san Fulgencio de Ruspe, obispo, Contra Fabiano.

Ha sido el mismo Señor quien ha dicho: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Y porque Cristo murió por nuestro amor, cuando hacemos conmemoración de su muerte en nuestro sacrificio pedimos que venga el Espíritu Santo y nos comunique el amor; suplicamos fervorosamente que aquel mismo amor que impulsó a Cristo a dejarse crucificar por nosotros sea infundido por el Espíritu Santo en nuestros propios corazones, con objeto de que consideremos al mundo como crucificado para nosotros y nosotros sepamos vivir crucificados para el mundo; así, imitando la muerte de nuestro Señor, como Cristo murió al pecado de una vez para siempre, y su vida es vida para Dios, también nosotros vivamos una vida nueva, y, llenos de caridad, muertos para el pecado vivamos para Dios.
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Editado en Villanueva Casanare, parroquia del Sagrado Corazón de Jesús