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Mi ser querido que murió, es un angelito ?


Es correcto?. 

En el lenguaje popular y el cariño a la familia, llamar "angelito" a un ser querido fallecido, expresa el deseo de sentir y dar consuelo. 

Dos preguntas frecuentes entre los fieles, respondidas a la luz del Catecismo, los Padres de la Iglesia y la tradición de los santos.

I. ¿Se convierte un difunto en «angelito»?

Desde la perspectiva de la teología católica, la doctrina de los Padres de la Iglesia y el Magisterio, no es teológicamente correcto decir que una persona o un familiar difunto (incluso un niño) se ha convertido en un «angelito» en el cielo. Se reconoce que se suele decir como una expresión popular de cariño o consuelo afectuoso, pero la enseñanza de la Iglesia marca una distinción clara y fundamental sobre la naturaleza de los seres en la creación.

1. Los seres humanos y los ángeles son naturalezas distintas

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 328-330) y Santo Tomás de Aquino (el Doctor Angélico), Dios creó distintos órdenes en la creación:

  • Los ángeles: son seres puramente espirituales, incorpóreos, creados por Dios desde el principio con esa naturaleza propia. Un ángel nunca fue ni será humano.
  • Los seres humanos: somos seres compuestos, corpóreos y espirituales (cuerpo y alma).

Un alma humana no se metamorfosea ni cambia de especie ontológica al morir. El hombre no cambia de naturaleza al ir al cielo: sigue siendo humano.

2. Lo que enseñan los Padres de la Iglesia y los teólogos

Los Padres de la Iglesia y grandes teólogos han insistido en la dignidad superior del destino humano:

  • San Juan Crisóstomo y San Agustín: explicaban que los difuntos en la gracia de Dios entran en el estado de las almas bienaventuradas o santos, pero no sufren una mutación a la naturaleza angelical.
  • Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica): enseña que cada especie creada mantiene su propia naturaleza. El ser humano está destinado a la resurrección de la carne. Si el alma se convirtiera en un ángel, la resurrección futura de los cuerpos carecería de sentido.
  • Dignidad del ser humano redimido: San Pablo (1 Corintios 6, 3) señala que los santos redimidos incluso «juzgarán a los ángeles», lo que evidencia que la condición de los redimidos en Cristo tiene una dignidad gloriosa propia, diferenciada de los seres angelicales.

3. La esperanza cristiana: la resurrección de la carne

Afirmar que alguien «se convirtió en ángel» opaca una verdad fundamental del Credo católico: la resurrección de la carne.

  • Al morir, el alma humana se separa temporalmente del cuerpo.
  • En la Parusía (la venida final de Cristo), los difuntos resucitarán con sus propios cuerpos glorificados, no como espíritus puros (ángeles).

Resumen y forma precisa de expresarlo

Expresión popular Realidad teológica católica
«Ganó sus alas» / «Es un angelito» Incorrecto: confunde dos creaciones de naturaleza distinta.
«Es un alma bienaventurada» / «Es un santo en el cielo» Correcto: reconoce que el ser humano difunto goza (o está llamado a gozar) de la Visión Beatífica de Dios como ser humano redimido.

Nota pastoral: aunque la Iglesia enseña que la expresión no es precisa doctrinalmente, reconoce que las personas la usan con frecuencia por falta de formación teológica o como una metáfora poética de consuelo ante la inocencia y la muerte de los seres queridos.


II. ¿La mayoría de los que mueren pasan primero por el purgatorio?

Desde la perspectiva de la teología católica, el Catecismo y la tradición de los santos, la afirmación de que la gran mayoría de los que mueren pasan primero por el purgatorio es una opinión teológica muy extendida, sumamente respetada y tradicional, aunque la Iglesia no ha definido dogmáticamente un porcentaje exacto de quiénes van allí.

1. La exigencia absoluta de la santidad para ver a Dios

La Escritura señala que sin la santidad nadie verá al Señor (cf. Hb 12, 14). El purgatorio es definido por el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1030) como la purificación final de los elegidos, necesaria para alcanzar la santidad requerida para entrar en la alegría del cielo.

Los teólogos suelen razonar de la siguiente manera:

  • Los santos canonizados y las almas que mueren con un grado altísimo de conversión, amor perfecto y totalmente libres de apego al pecado o de deudas temporales del pecado, entran de manera directa a la presencia de Dios (el Cielo).
  • Los condenados son aquellos que mueren en pecado mortal y en rechazo definitivo de la gracia y de Dios (el Infierno).
  • La inmensa mayoría de los bautizados, aunque mueren en la gracia y la amistad de Dios (es decir, se salvan), lo hacen con debilidades, faltas veniales no perdonadas plenamente, o con apegos desordenados a las cosas terrenas y secuelas del pecado que no han sido reparadas por completo en vida.

Dado que «nada manchado entrará en el cielo» (Ap 21, 27), la misericordia de Dios provee el purgatorio como un «hospital espiritual» o un fuego de amor purificador para sanar lo que quedó enfermo o imperfecto.

2. Lo que dijeron los santos y doctores de la Iglesia

Muchos santos místicos y doctores de la Iglesia compartieron la visión de que son pocos los que van directamente al cielo sin pasar por ninguna purificación:

  • San Agustín: en sus escritos sobre los difuntos y el cuidado que se les debe, sugería que para la mayoría de las personas las culpas de la vida ordinaria requieren una purificación posterior a la muerte; de ahí la importancia vital de la oración y del sacrificio de la Misa por los difuntos.
  • San Alfonso María de Ligorio: sostenía que son muy pocas las almas que van directamente al cielo sin pasar por el purgatorio, debido a las múltiples faltas cotidianas y a la fragilidad humana.
  • El Cura de Ars (San Juan María Vianney): en sus catequesis sobre la misericordia y la justicia divina, insistía frecuentemente en cuánto debemos cuidar nuestras almas para evitar o mitigar esa purificación rigurosa.

3. Una perspectiva de esperanza y misericordia

Aunque la palabra «purgatorio» suele evocar la idea de un castigo o sufrimiento, la teología católica (apoyada en el pensamiento de teólogos modernos como el papa Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi) recalca que el purgatorio es un acto de la infinita misericordia de Dios.

  • No es un infierno «en miniatura» ni una antesala de la condenación, sino un estado de esperanza segura.
  • Es el encuentro con el fuego abrasador del amor de Cristo. Ese amor quema y purifica los residuos del egoísmo y del pecado, doliendo por haber ofendido al Amor, pero con la absoluta certeza de que el alma ya está salvada y destinada a la gloria eterna.

Por esta razón, la Iglesia siempre ha fomentado con muchísimo cariño la Comunión de los Santos: saber que nuestras oraciones, sacrificios y las Misas que ofrecemos pueden ayudar, consolar y acelerar la entrada de esas almas a la luz plena del cielo.

«Descanso eterno dales, Señor, y brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.»


Somos ciudadanos del cielo!

🌟 ¡SOMOS CIUDADANOS DEL CIELO! 🌟

¿Alguna vez has sentido que este mundo se queda pequeño para los anhelos de tu corazón? ¡Es porque fuiste creado para algo mucho más grande!

Hoy queremos compartir una reflexión basada en las enseñanzas del P. Pedro García, C.M.F., sobre la alegría de la Resurrección.

1️⃣ Una realidad que ya comenzó

La resurrección no es solo una promesa para el futuro; es algo que ya está ocurriendo en ti. Por el bautismo, ya hemos pasado de la muerte a la vida.

"Dios nos resucitó con Cristo y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús" (Ef 2, 6)
2️⃣ Morir al pasado, vivir al presente

Jesús no solo murió por nuestros pecados, sino que resucitó para hacernos santos. Ser cristiano es soltar las cadenas del "hombre viejo" y caminar en libertad.

"Cristo fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra santificación" (Rom 4, 25)
3️⃣ ¡Mira hacia arriba! 👆

A veces nos perdemos en las preocupaciones de la tierra, pero nuestra mirada debe estar en lo alto. Si tenemos una vida nueva, ¡busquemos lo que es eterno!

"Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios" (Col 3, 1)
4️⃣ Tu verdadera ciudadanía 📜

No importa de qué país seas, como cristiano tienes un pasaporte celestial. Somos ciudadanos del Reino de Dios y caminamos por este mundo con la esperanza de la gloria.

"Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo" (Flp 3, 20)
Conclusión:

La alegría del Resucitado debe iluminar cada rincón de nuestra vida. No busques entre los muertos al que está vivo. ¡Vive hoy como un verdadero hijo de la luz! 🕊️✨

📖 ¿Qué cita bíblica te da más esperanza hoy?
¡Déjanos tu comentario abajo! 👇
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Cómo resucitaran los muertos?

LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS / 

LA RESURRECCION DE LA CARNE. “Cristo dará nueva vida a sus cuerpos mortales” (Romanos 8,11).

¿Que es resucitar?
997 En la muerte, separación del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.

¿Quién resucitará?
998 Todos los hombres que han muerto:"los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5, 29; cf. Dn 12, 2).
 

¿Como?
999 Cristo resucitó con su propio cuerpo: "Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo" (Lc 24, 39); pero El no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en El "todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora" (Cc de Letrán IV: DS 801), pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de gloria" (Flp 3, 21), en "cuerpo espiritual" (1 Co 15, 44):
Pero dirá alguno: ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano..., se siembra corrupción, resucita incorrupción; ... los muertos resucitarán incorruptibles. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad (1 Cor 15,35-37. 42. 53).
 

1000 Este "cómo" sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe. Pero nuestra participación en la Eucaristía nos da ya un anticipo de la transfiguración de nuestro cuerpo por Cristo:
Así como el pan que viene de la tierra, después de haber recibido la invocación de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucaristía, constituida por dos cosas, una terrena y otra celestial, así nuestros cuerpos que participan en la eucaristía ya no son corruptibles, ya que tienen la esperanza de la resurrección (San Ireneo de Lyon, haer. 4, 18, 4-5).

 ¿Cuándo?
1001  Sin duda en el "último día" (Jn 6, 39-40. 44. 54; 11, 24); "al fin del mundo" (LG 48). En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:
El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar (1 Ts 4, 16).


Conozca todo lo que es la RESURRECCIÓN 

Resurrección del Señor

Autor: P . Sergio Córdova LC | Fuente: Catholic.net
¡Ha resucitado el Señor!
Juan 20, 1-9. Domingo de Resurrección. ¡Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora!


Juan 20, 1-9

El día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy de mañana cuando aún era de noche, y vio que la piedra del sepulcro estaba movida.Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

Reflexión

LA RESURRECCION

Apoyado todo el tema en la doctrina de la Iglesia Católica, expuesta en el Catecismo. Puede navegar por todo el tema dando click en los títulos subrrayados de color naranja.
  -En la oración del Credo
  -La resurrección obra de la Santísima Trinidad
  -Que significa la resurrección de la carne?
  -La resurrección elemento esencial de la fe
  -La resurrección antes de Jesús
  -La resurrección en tiempos de Jesús
  -Punto de contradicción
  -¿Que es resucitar?
  -¿Quien resucitará?
  -¿Como?
  -¿Cuando?
  -Participación en la vida celestial de Cristo resucitado
  -El creyente participa de la dignidad de ser "en Cristo"
  -Que se necesita para resuitar con Cristo?
  -La muerte es "salario del pecado"
  -La muerte es el final de la vida terrena.
  -La muerte es consecuencia del pecado.
  -La muerte transformada por Cristo.
  -Tiene un sentido provechoso
  -"Deseo partir y estar con Cristo"
  -"Se muere una sola vez", no hay reencarnación
  -Estas preparado para la hora de la muerte?

Hierba medicinal contra la muerte: Benedicto XVI

Homilía de Benedicto XVI en la Vigilia Pascual Cristo, “hierba medicinal contra la muerte” CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 de abril de 2010
Autor: Benedicto XVI | Fuente: Libreria Editrice Vaticana
Queridos hermanos y hermanas
Una antigua leyenda judía tomada del libro apócrifo "La vida de Adán y Eva" cuenta que Adán, en la enfermedad que le llevaría a la muerte, mandó a su hijo Set, junto con Eva, a la región del Paraíso para traer el aceite de la misericordia, de modo que le ungiesen con él y sanara. Después de tantas oraciones y llanto de los dos en busca del árbol de la vida, se les apareció el arcángel Miguel para decirles que no conseguirían el óleo del árbol de la misericordia, y que Adán tendría que morir.

El sentido de la muerte cristiana

QUE SENTIDO TIENE LA  MUERTE EN CRISTO?

"Deseo partir y estar con Cristo" (Flp 1, 23)


EL CATECISMO DE LA IGLESIA ENSEÑA:

Tiene un sentido provechoso
1010 Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. "Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia" (Flp 1, 21). "Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él" (2 Tm 2, 11). La novedad esencial de la muerte cristiana está ahí: por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente "muerto con Cristo", para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este "morir con Cristo" y perfecciona así nuestra incorporación a El en su acto redentor:

Para mí es mejor morir en Cristo Jesús que reinar de un extremo a otro de la tierra. Lo busco a El, que ha muerto por nosotros; lo quiero a El, que ha resucitado por nosotros. Mi parto se aproxima ...Dejadme recibir la luz pura; cuando yo llegue allí, seré un hombre (San Ignacio de Antioquía, Rom. 6, 1-2).

"Deseo partir y estar con Cristo"
1011 En la muerte Dios llama al hombre hacia Sí. Por eso, el cristiano puede experimentar hacia la muerte un deseo semejante al de San Pablo: "Deseo partir y estar con Cristo" (Flp 1, 23); y puede transformar su propia muerte en un acto de obediencia y de amor hacia el Padre, a ejemplo de Cristo (cf. Lc 23, 46):

Mi deseo terreno ha desaparecido; ... hay en mí un agua viva que murmura y que dice desde dentro de mí "Ven al Padre" (San Ignacio de Antioquía, Rom. 7, 2).

Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir (Santa Teresa de Jesús, vida 1).
Yo no muero, entro en la vida (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).

1012 La visión cristiana de la muerte (cf. 1 Ts 4, 13-14) se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia:
La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.(MR, Prefacio de difuntos).

"Se muere una sola vez", no hay reencarnación
1013 La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin "el único curso de nuestra vida terrena" (LG 48), ya no volveremos a otras vidas terrenas. "Está establecido que los hombres mueran una sola vez" (Hb 9, 27). No hay "reencarnación" después de la muerte.

Estas preparado para la hora de la muerte?

1014 La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte ("De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor": antiguas Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros "en la hora de nuestra muerte" (Ave María), y a confiarnos a San José, Patrono de la buena muerte:

Habrías de ordenarte en toda cosa como si luego hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia no temerías mucho la muerte. Mejor sería huir de los pecados que de la muerte. Si hoy no estás aparejado, ¿cómo lo estarás mañana? (Imitación de Cristo 1, 23, 1).

Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
(San Francisco de Asís, cant.)

El Señor no se cansa de buscarnos en los desiertos del mundo

Queridos hermanos y hermanas,¡Feliz Pascua!       (Mensaje Pascual y bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco, 16/04/17)

Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado — Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6).

La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna.

Somos seres celestiales

Resucitados con Cristo. Somos seres celestiales
Autor: Pedro García Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net

78. Resucitados con Cristo. Somos seres celestiales
Aquí nos va a hablar Pablo sobre la resurrección de una manera distinta. Se va a fijar tanto en nosotros como en Jesucristo, y nos va a decir desde el principio:
“¡Somos unos resucitados con Cristo!”. Hemos resucitado con Él, como Él y para Él.

¿Por qué?... Podemos seguir el pensamiento del Apóstol
¿Es cierto que, al resucitar Cristo, hemos resucitado también nosotros?

San Pablo es categórico y no puede hablar más claro de cómo lo hace en esta carta a los de Colosas:
“Ustedes han resucitado con Cristo”, “porque Dios nos resucitó con Cristo y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús” (Col 3,1. Ef 2,6)

¡Resucitó Cristo, mi esperanza!

Si Jesús ha resucitado, entonces - y sólo entonces- ha ocurrido algo realmente nuevo, que cambia la condición del hombre y del mundo.

Mensaje pascual, Domingo de Resurrección, de SS Benedetto XVI, 8 abril 2012

Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero:

Resucitó Cristo, mi esperanza (Secuencia pascual).

Llegue a todos vosotros la voz exultante de la Iglesia, con las palabras que el antiguo himno pone en labios de María Magdalena, la primera en encontrar en la maña de Pascua a Jesús resucitado. Ella corrió hacia los otros discípulos y, con el corazón sobrecogido, les anunció: He visto al Señor»(Jn 20,18). También nosotros, que hemos atravesado el desierto de la Cuaresma y los días dolorosos de la Pasión, hoy abrimos las puertas al grito de victoria:

¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!.

Nosotros ya hemos resucitado con Cristo

1002 Si es verdad que Cristo nos resucitará en "el último día", también lo es, en cierto modo, que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En efecto, gracias al Espíritu Santo, la vida cristiana en la tierra es, desde ahora, una participación en la muerte y en la Resurrección de Cristo:

Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que le resucitó de entre los muertos... Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Col 2, 12; 3, 1).


Participación en la vida celestial de Cristo resucitado
1003 Unidos a Cristo por el Bautismo, los creyentes participan ya realmente en la vida celestial de Cristo resucitado (cf. Flp 3, 20), pero esta vida permanece "escondida con Cristo en Dios" (Col 3, 3) "Con El nos ha resucitado y hecho sentar en los cielos con Cristo Jesús" (Ef 2, 6). Alimentados en la Eucaristía con su Cuerpo, nosotros pertenecemos ya al Cuerpo de Cristo. Cuando resucitemos en el último día también nos "manifestaremos con El llenos de gloria" (Col 3, 4).

El creyente participa de la dignidad de ser "en Cristo"
1004 Esperando este día, el cuerpo y el alma del creyente participan ya de la dignidad de ser "en Cristo"; donde se basa la exigencia del respeto hacia el propio cuerpo, y también hacia el ajeno, particularmente cuando sufre:

El cuerpo es para el Señor y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?... No os pertenecéis... Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.(1 Co 6, 13-15. 19-20).

Cristo ha resucitado!, Aleluya!.


Desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco envía el tradicional saludo de Pascua e impartir la Bendición Urbi et Orbi con el beneficio de la indulgencia plenaria;

Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo: ¡Feliz Pascua! ¡Feliz Pascua!


Es una gran alegría para mí poderos dar este anuncio: ¡Cristo ha resucitado! Quisiera que llegara a todas las casas, a todas las familias, especialmente allí donde hay más sufrimiento, en los hospitales, en las cárceles...
Quisiera que llegara sobre todo al corazón de cada uno, porque es allí donde Dios quiere sembrar esta Buena Nueva: Jesús ha resucitado, hay la esperanza para ti, ya no estás bajo el dominio del pecado, del mal. Ha vencido el amor, ha triunfado la misericordia. La misericordia de Dios siempre vence.
 ¿Qué significa que Jesús ha resucitado?
Significa que el amor de Dios es más fuerte que el mal y la muerte misma, significa que el amor de Dios puede transformar nuestras vidas y hacer florecer esas zonas de desierto que hay en nuestro corazón. Y esto lo puede hacer el amor de Dios.

Este mismo amor por el que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, y ha ido hasta el fondo por la senda de la humildad y de la entrega de sí, hasta descender a los infiernos, al abismo de la separación de Dios, este mismo amor misericordioso ha inundado de luz el cuerpo muerto de Jesús, y lo ha transfigurado, lo ha hecho pasar a la vida eterna. Jesús no ha vuelto a su vida anterior, a la vida terrenal, sino que ha entrado en la vida gloriosa de Dios y ha entrado en ella con nuestra humanidad, nos ha abierto a un futuro de esperanza.

He aquí lo que es la Pascua: el éxodo, el paso del hombre de la esclavitud del pecado, del mal, a la libertad del amor y la bondad. Porque Dios es vida, sólo vida, y su gloria somos nosotros: es el hombre vivo (cf. san Ireneo, Adv. haereses, 4,20,5-7).
Queridos hermanos y hermanas, Cristo murió y resucitó una vez para siempre y por todos, pero el poder de la resurrección, este paso de la esclavitud del mal a la libertad del bien, debe ponerse en práctica en todos los tiempos, en los momentos concretos de nuestra vida, en nuestra vida cotidiana. Cuántos desiertos debe atravesar el ser humano también hoy. Sobre todo el desierto que está dentro de él, cuando falta el amor de Dios y del prójimo, cuando no se es consciente de ser custodio de todo lo que el Creador nos ha dado y nos da. Pero la misericordia de Dios puede hacer florecer hasta la tierra más árida, puede hacer revivir incluso a los huesos secos (cf. Ez 37,1-14).
He aquí, pues, la invitación que hago a todos: Acojamos la gracia de la Resurrección de Cristo. Dejémonos renovar por la misericordia de Dios, dejémonos amar por Jesús, dejemos que la fuerza de su amor transforme también nuestras vidas; y hagámonos instrumentos de esta misericordia, cauces a través de los cuales Dios pueda regar la tierra, custodiar toda la creación y hacer florecer la justicia y la paz.



CREO en la resurrección de la carne

En la oración del Credo
988 El Credo cristiano -profesión de nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en su acción creadora, salvadora y santificadora- culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna.

298 Dios puede por el Espíritu Santo dar la vida del cuerpo a los difuntos mediante la Resurrección. El dá la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean Rom 4,17

989 Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que El los resucitará en el último día (Jn 6, 39-40).

La resurrección obra de la Santísima Trinidad:
Si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11 ir a estas citas).

Que significa la resurrección de la carne?
990 El término "carne" designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6 ir a estas citas). La "resurrección de la carne" significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros "cuerpos mortales" (Rm 8, 11) volverán a tener vida.

La resurrección elemento esencial de la fe:
991 Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. "La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella" (Tertuliano, De resurrectione carnis, 1.1):

¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe... ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron (1 Co 15, 12-14. 20 ).

Dios reveló a su pueblo la resurrección de la carne

La resurrección antes de Jesús
992 La resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su Pueblo. La esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia intrínseca de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. El creador del cielo y de la tierra es también Aquél que mantiene fielmente su Alianza con Abraham y su descendencia. En esta doble perspectiva comienza a expresarse la fe en la resurrección.

En sus pruebas, los mártires Macabeos confiesan:
El Rey del mundo a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna (2 M 7, 9 ). Es preferible morir a manos de los hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él (2 M 7, 14; cf. 7, 29; Dn 12, 1-13).

La resurrección en tiempos de Jesús
993 Los fariseos (cf. Hch 23, 6 ) y muchos contemporáneos del Señor (cf. Jn 11, 24) esperaban la resurrección. Jesús la enseña firmemente. A los saduceos que la niegan responde: "Vosotros no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios, vosotros estáis en el error" (Mc 12, 24). La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios que "no es un Dios de muertos sino de vivos" (Mc 12, 27).

994 Pero hay más: Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su propia persona: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25). Es el mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en él. (cf. Jn 5, 24-25; 6, 40) y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre (cf. Jn 6, 54). En su vida pública ofrece ya un signo y una prenda de la resurrección devolviendo la vida a algunos muertos (cf. Mc 5, 21-42; Lc 7, 11-17; Jn 11), anunciando así su propia Resurrección que, no obstante, será de otro orden. De este acontecimiento único, El habla como del "signo de Jonás" (Mt 12, 39), del signo del Templo (cf. Jn 2, 19-22): anuncia su Resurrección al tercer día después de su muerte (cf. Mc 10, 34).

Punto de contradicción
995 Ser testigo de Cristo es ser "testigo de su Resurrección" (Hch 1, 22; cf. 4, 33), "haber comido y bebido con El después de su Resurrección de entre los muertos" (Hch 10, 41). La esperanza cristiana en la resurrección está totalmente marcada por los encuentros con Cristo resucitado. Nosotros resucitaremos como El, con El, por El.

996 Desde el principio, la fe cristiana en la resurrección ha encontrado incomprensiones y oposiciones (cf. Hch 17, 32; 1 Co 15, 12-13). "En ningún punto la fe cristiana encue ntra más contradicción que en la resurrección de la carne" (San Agustín, psal. 88, 2, 5). Se acepta muy comúnmente que, después de la muerte, la vida de la persona humana continúa de una forma espiritual. Pero ¿cómo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la vida eterna?

Morir en Cristo Jesús

Que se necesita para resucitar con Cristo?

1005 Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2 Co 5,8). En esta "partida" (Flp 1,23) que es la muerte, el alma se separa del cuerpo. Se reunirá con su cuerpo el día de la resurrección de los muertos (cf. SPF 28).

La muerte es "salario del pecado"
1006 "Frente a la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su cumbre" (GS 18). En un sentido, la muerte corporal es natural, pero por la fe sabemos que realmente es "salario del pecado" (Rm 6, 23;cf. Gn 2, 17). Y para los que mueren en la gracia de Cristo, es una participación en la muerte del Señor para poder participar también en su Resurrección (cf. Rm 6, 3-9; Flp 3, 10-11).

La muerte es el final de la vida terrena.
1007  Nuestras vidas están medidas por el tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de la vida. Este aspecto de la muerte da urgencia a nuestras vidas: el recuerdo de nuestra mortalidad sirve también par hacernos pensar que no contamos más que con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida:

Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, ... mientras no vuelva el polvo a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio (Qo 12, 1. 7).


La muerte es consecuencia del pecado.
1008  Intérprete auténtico de las afirmaciones de la Sagrada Escritura (cf. Gn 2, 17; 3, 3; 3, 19; Sb 1, 13; Rm 5, 12; 6, 23) y de la Tradición, el Magisterio de la Iglesia enseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre (cf. DS 1511). Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. Por tanto, la muerte fue contraria a los designios de Dios Creador, y entró en el mundo como consecuencia del pecado (cf. Sb 2, 23-24). "La muerte temporal de la cual el hombre se habría liberado si no hubiera pecado" (GS 18), es así "el último enemigo" del hombre que debe ser vencido (cf. 1 Co 15, 26).

La muerte transformada por Cristo
1009 La muerte fue transformada por Cristo. Jesús, el Hijo de Dios, sufrió también la muerte, propia de la condición h umana. Pero, a pesar de su angustia frente a ella (cf. Mc 14, 33-34; Hb 5, 7-8), la asumió en un acto de sometimiento total y libre a la voluntad del Padre.La obediencia de Jesús transformó la maldición de la muerte en bendición (cf. Rm 5, 19-21).