Pentecostés

La fiesta de PENTECOSTÉS se celebra 50 días después de la Resurrección del Señor. Con esta fiesta se da por terminado el tiempo de PASCUA.

Pentecostés es la celebración de la venida del Espíritu Santo y la continuación del tiempo litúrgico llamado ORDINARIO.

Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo y es la más importante después de la Pascua y la Navidad.

A los 50 días de la Pascua, los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas (Ex 34:22), que en sus orígenes tenía carácter agrícola. Se trataba de la festividad de la recolección, día de regocijo y de acción de gracias (Ex 23:16), en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra.

Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:

-« ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo:
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.


"Creo en el Espíritu Santo" La promesa de Cristo

JUAN PABLO II, AUDIENCIA GENERAL. Miércoles 26 de abril de 1989

1. “Creo en el Espíritu Santo”.

El llamado Símbolo niceno-constantinopolitano desarrolla más ampliamente la fórmula del artículo de fe: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”.

2. El Símbolo, profesión de fe formulada por la Iglesia, nos remite a las fuentes bíblicas, donde la verdad sobre el Espíritu Santo se presenta en el contexto de la revelación de Dios Uno y Trino. Por tanto, la neumatología de la Iglesia está basada en la Sagrada Escritura, especialmente en el Nuevo Testamento, aunque, en cierta medida, hay preanuncios de ella en el Antiguo.

La primera fuente a la que podemos dirigirnos es un texto joaneo contenido en el “discurso de despedida” de Cristo el día antes de la pasión y muerte en cruz. Jesús habla de la venida del Espíritu Santo en conexión con la propia “partida”, anunciando su venida (o descenso) sobre los Apóstoles. “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy os lo enviaré” (Jn 16, 7).

VEN CREADOR ESPÍRITU


Ven Creador Espíritu, de los tuyos la mente a visitar, 
a encender en Tu Amor los corazones que de la nada te gustó crear. 

Tú que eres gran Consolador, Don altísimo de Dios, 
fuente viva, amor, fuego ardiente y Espiritual unción. 

Tu tan generoso en dádivas. Tú, poder de la diestra Paternal, 
Tú, promesa magnifica del Padre que al torpe labio vienes a soltar. 

Con tu Luz ilumina los sentidos, 
los afectos inflama con tu amor; 
con tu fuerza invencible fortifica la corpórea flaqueza y corrupción. 

Lejos expulsa al pérfido enemigo, danos pronto tu paz; 
siendo Tu nuestro guía toda culpa logremos evitar. 

Dénos tu influjo conocer al Padre, 
dénos también al Hijo conocer. 
Y en Ti, del uno y otro Santo Espíritu para siempre crecer. 

A Dios Padre alabanza honor y gloria, 
con el Hijo que un día resucitó; 
y a Ti abogado y consuelo del cristiano, 
por los siglos se rinda admiración, 
Amén.




Manda tu luz desde el cielo ¡Padre amoroso del pobre ¡Don en tus dones espléndido... ">dá clic para leer toda la oración

ÍNDICE DE ORACIONES AL ESPÍRIU SANTO, da clic.

Los cristianos son bautizados en "el nombre" del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

BAUTISMO CRISTIANO / MANDATO DE JESÚS EL SEÑOR, Mateo 28, 19 / 
"La fe de todos los cristianos se cimenta en la Santísima Trinidad"

232 Los cristianos son bautizados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). Antes responden "Creo" a la triple pregunta que les pide confesar su fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu: Fides omnium christianorum in Trinitate consistit ("La fe de todos los cristianos se cimenta en la Santísima Trinidad").

233 Los cristianos son bautizados en "el nombre" del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y no en "los nombres" de éstos (cf. Virgilio, Professio fidei (552): DS 415), pues no hay más que un solo Dios, el Padre todopoderoso y su Hijo único y el Espíritu Santo: la Santísima Trinidad.

Para profundizar este tema en el CATECISMO.... de clic aquí

LUZ, RESPLANDOR Y GRACIA EN LA TRINIDAD Y POR LA TRINIDAD
 
Que es la Santísima Trinidad?

¡Resucitó Cristo, mi esperanza!

Si Jesús ha resucitado, entonces - y sólo entonces- ha ocurrido algo realmente nuevo, que cambia la condición del hombre y del mundo.

Mensaje pascual, Domingo de Resurrección, de SS Benedetto XVI, 8 abril 2012

Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero:

Resucitó Cristo, mi esperanza (Secuencia pascual).

Llegue a todos vosotros la voz exultante de la Iglesia, con las palabras que el antiguo himno pone en labios de María Magdalena, la primera en encontrar en la maña de Pascua a Jesús resucitado. Ella corrió hacia los otros discípulos y, con el corazón sobrecogido, les anunció: He visto al Señor»(Jn 20,18). También nosotros, que hemos atravesado el desierto de la Cuaresma y los días dolorosos de la Pasión, hoy abrimos las puertas al grito de victoria:

¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!.

Nosotros ya hemos resucitado con Cristo

1002 Si es verdad que Cristo nos resucitará en "el último día", también lo es, en cierto modo, que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En efecto, gracias al Espíritu Santo, la vida cristiana en la tierra es, desde ahora, una participación en la muerte y en la Resurrección de Cristo:

Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que le resucitó de entre los muertos... Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Col 2, 12; 3, 1).


Participación en la vida celestial de Cristo resucitado
1003 Unidos a Cristo por el Bautismo, los creyentes participan ya realmente en la vida celestial de Cristo resucitado (cf. Flp 3, 20), pero esta vida permanece "escondida con Cristo en Dios" (Col 3, 3) "Con El nos ha resucitado y hecho sentar en los cielos con Cristo Jesús" (Ef 2, 6). Alimentados en la Eucaristía con su Cuerpo, nosotros pertenecemos ya al Cuerpo de Cristo. Cuando resucitemos en el último día también nos "manifestaremos con El llenos de gloria" (Col 3, 4).

El creyente participa de la dignidad de ser "en Cristo"
1004 Esperando este día, el cuerpo y el alma del creyente participan ya de la dignidad de ser "en Cristo"; donde se basa la exigencia del respeto hacia el propio cuerpo, y también hacia el ajeno, particularmente cuando sufre:

El cuerpo es para el Señor y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?... No os pertenecéis... Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.(1 Co 6, 13-15. 19-20).

REGINA COELI

Durante el tiempo litúrgico de la PASCUA, se reza esta oración REGINA COELI en vez del ANGELUS

REGINA COELI, son las palabras latinas con que abre el himno pascual de la Santísima Virgen María que traducidas al español son “Reina del cielo”, es una composición litúrgica a manera de felicitación a María por la resurrección de su Hijo Jesucristo.

La composición de esta oración, REGINA COELI, se la atribuye a San Gregorio Magno, el cual escuchó los tres primeros versos cantados por ángeles mientras caminaba descalzo una mañana en una procesión en Roma, a las que él agregó la cuarta línea.

V. Alégrate, Reina del cielo; aleluya.
R. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

V. Ha resucitado, según predijo; aleluya.
R. Ruega por nosotros a Dios; aleluya.

V. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.

Oración.
Oh Dios que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el gozo de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén.