Oración a la Inmaculada Virgen María


Santísima Virgen, yo creo y confieso vuestra Santa e
Inmaculada Concepción pura y sin mancha.
¡Oh Purísima Virgen!,
por vuestra pureza virginal,
vuestra Inmaculada Concepción y
vuestra gloriosa cualidad de Madre de Dios,
alcanzadme de vuestro amado Hijo la humildad,
la caridad, una gran pureza de corazón,
de cuerpo y de espíritu,
una santa perseverancia en el bien,
el don de oración,
una buena vida y una santa muerte.
Amén"

Homilía del Papa en la Vigilia por la vida naciente

A continuación apartes de la homilía:

29 de noviembre de 2010
El Señor da la alegría de abrir un nuevo Año Litúrgico comenzando por el Adviento.En este Adviento se nos concederá, una vez más, hacer experiencia de la cercanía de Aquel que creó el mundo, que orienta la historia y que se ha cuidado de nosotros llegando hasta el culmen de su condescendencia con el hacerse hombre.

Durante el tiempo de Adviento sentiremos a la Iglesia que nos toma de la mano y, a imagen de María Santísima, expresa su maternidad haciéndonos experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza a todos en su amor y nos consuela. La liturgia de la Iglesia orienta nuestra mirada a la meta definitiva: el encuentro con el Señor que vendrá en el esplendor de la gloria.

El inicio del Año Litúrgico nos hace vivir nuevamente la espera de Dios que se hace carne en el seno de la Virgen María, de Dios que se hace pequeño, se convierte en niño; nos habla de la venida de un Dios cercano, que ha querido recorrer la vida del hombre, desde el comienzo, y esto para salvarla totalmente, en plenitud. Y así el misterio de la Encarnación del Señor y el inicio de la vida humana están íntima y armónicamente conectados entre sí en el único designio salvífico de Dios, Señor de la vida de todos y cada uno. La encarnación nos revela con intensa luz y de modo sorprendente que toda vida humana tiene una dignidad altísima, incomparable.

El hombre presenta una originalidad inconfundible respecto a todos los demás seres vivientes que pueblan la tierra. Se presenta como sujeto único y singular, dotado de inteligencia y voluntad libre, además de estar compuesto de realidad material. Vive simultanea e inescindiblemente en la dimensión espiritual y en la dimensión corpórea. Lo sugiere también el texto de la Primera Carta a los Tesalonicenses que ha sido proclamado: “Que el Dios de la paz – escribe san Pablo – os santifique plenamente, para que os conservéis irreprochables en todo vuestro ser –espíritu, alma y cuerpo– hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo" (5,23). Somos por tanto espíritu, alma y cuerpo. Somos parte de este mundo, ligados a las posibilidades y a los límites de la condición material; al mismo tiempo estamos abiertos a un horizonte infinito, capaces de dialogar con Dios y de acogerlo en nosotros. Actuamos en las realidades terrenas y a través de ellas podemos percibir la presencia de Dios y tender a Él, verdad, bondad y belleza absoluta. Saboreamos fragmentos de vida y de felicidad y anhelamos la plenitud total.

Dios nos ama de modo profundo, total, sin distinciones; nos llama a la amistad con Él; nos hace partícipes de una realidad por encima de toda imaginación y de todo pensamiento y palabra: su misma vida divina
Creer en Jesucristo comporta también tener una mirada nueva sobre el hombre, una mirada de confianza, de esperanza. Por lo demás la misma experiencia y la recta razón atestiguan que el ser humano es un sujeto capaz de entender y de querer, autoconsciente y libre, irrepetible e insustituible, cumbre de todas las realidades terrenas, que exige ser reconocido como valor en sí mismo y que merece ser acogido siempre con respeto y amor. Él tiene derecho a no ser tratado como un objeto que poseer o como una cosa que se pueda manipular a voluntad, de no ser reducido a puro instrumento a ventaja de otros y de sus intereses. La persona es un bien en sí misma y es necesario buscar siempre su desarrollo integral.

En esta línea se coloca la solicitud de la Iglesia por la vida naciente, la más frágil, la más amenazada por el egoísmo de los adultos y por el oscurecimiento de las conciencias. La Iglesia continuamente reafirma cuanto declaró el Concilio Vaticano II contra el aborto y toda violación de la vida naciente: “La vida, una vez concebida, debe ser protegida con el máximo cuidado".

Hay tendencias culturales que intentan anestesiar las conciencias con motivos pretextuosos. Respecto al embrión en el seno materno, la ciencia misma pone en evidencia su autonomía capaz de interacción con la madre, la coordinación de sus procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana.

Por desgracia, también después del nacimiento, la vida de los niños sigue estando expuesta al abandono, al hambre, a la miseria, a la enfermedad, a los abusos, a la violencia, a la explotación. Las múltiples violaciones de sus derechos que se cometen en el mundo hieren dolorosamente la conciencia de todo hombre de buena voluntad. Ante el triste panorama de las injusticias cometidas contra la vida del hombre, antes y después del nacimiento, hago mío el apasionado llamamiento del Papa Juan Pablo II a la responsabilidad de todos y de cada uno: “¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!” (Enc. Evangelium vitae, 5).

Aquí encuentra el documento completo

El duelo por un muerto

Eclesiástico 38, 16-23
16 Hijo mío, por un muerto, derrama lágrimas,y entona un lamento, como quien sufre terriblemente.
Entierra su cadáver en la forma establecida y no descuides su sepultura.
17 Llora amargamente, golpéate el pecho,y observa el duelo que él se merece,
uno o dos días, para evitar comentarios,y luego consuélate de tu tristeza.
18 Porque la tristeza lleva a la muerte y un corazón abatido quita las fuerzas.
19 En la desgracia la tristeza es permanente,y el corazón maldice una vida miserable.
20 No te dejes llevar por la tristeza, aléjala, acordándote de tu fin.
21 Nunca lo olvides: ¡no hay camino de retorno!Al muerto, no podrás serle útil y te harás mal a ti.
22 “Recuerda mi destino, que será también el tuyo: ayer a mí y hoy a ti”.
23 Ya que el muerto descansa, deja en paz su memoria,y trata de consolarte, porque ha partido su espíritu.

Una catequesis del Papa Francisco:

 Jesús tiene poder sobre la muerte (cf Lc 7, 11-15)
 La muerte es una experiencia que forma parte de la vida. 
 La muerte física tiene "cómplices" que son peores que ella, y que se llaman odio, envidia, soberbia, avaricia; en definitiva el pecado del mundo que trabaja para la muerte y la hace aún más dolorosa e injusta.
 La fe impide la muerte. La oscuridad de la muerte se debe afrontar con un trabajo de amor más intenso. "Dios mío ilumina mi oscuridad". Nosotros podemos quitar a la muerte su "aguijón", como decía el apóstol san Pablo (1Co 15,55); podemos impedir que envenene nuestra vida, que haga vanos nuestros afectos, que nos haga caer en el vacío más oscuro.
 En la fe, podemos consolarnos unos a otros, sabiendo que el Señor venció la muerte una vez para siempre.
 El camino es hacer crecer el amor, hacerlo más sólido, y el amor nos custodiará hasta el día en que cada lágrima será enjugada, cuando "ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor" (Ap 21,4).
 Nuestra esperanza es que todos los seres queridos que ya se marcharon, el Señor nos los devolverá y nos encontraremos con ellos (cf Lc 7, 11-15). Esta esperanza no defrauda. " Jesús se lo entregó a su madre", así hará el Señor con todos nuestros seres queridos en la familia.
 Esta fe nos protege de la visión nihilista de la muerte, como también de las falsas consolaciones del mundo, de tal modo que no corra a ritos de superstición.
 Tenemos que llorar en el luto, también Jesús "se echó a llorar" y se "conmovió en su espíritu" por el grave luto de la familia que amaba (Jn 11, 33-37).
 También aprovechará el testimonio sencillo y fuerte de las familias que han logrado superar experiencias similares.
 La lectura y meditación de ka pasión, muerte y resurrección de Cristo y su irrevocable promesa de la resurrección de los muertos.
https://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2015/documents/papa-francesco_20150617_udienza-generale.html

-Aquí más temas sobre la muerte y la resurrección

-1010 Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo:  http://el-sentido-de-la-muerte-cristiana.html .

-La muerte prematura del justo, Sab 4, 7-17 http://hizomasfuertemife/la-muerte-prematura-del-justo-

-No invocar a los muertos, más bien oremos por nuestros difuntos http://no-invocar-los-muertos.html

-Oración a la Virgen del  Carmen por los fieles difuntos: http://oracion-por-los-difuntos.html


La muerte prematura del justo, Sab 4, 7-17

Sabiduría 4, 7-17       Aquí la palabras claves son  JUSTO y RETRIBUCIÓN,  Entonces quien es JUSTO? (al final del texto encuentra el comentario)


7 El justo, aunque tenga un fin prematuro, gozará del reposo.
8 La vejez honorable no consiste en vivir mucho tiempo ni se mide por el número de años:
9 los cabellos blancos del hombre son la prudencia, y la edad madura, una vida intachable.
10 Porque se hizo agradable a Dios, el justo fue amado por él, y como vivía entre los pecadores, fue trasladado de este mundo.