santa María de Guadalupe, historia de la aparición


Del Nicán Mopohua, relato del escritor indígena del siglo dieciséis don Antonio Valeriano
(«Nicán Mopohua», 12ª edición, Buena Prensa, México, D. F., 1971, pp. 3-19. 21)

LA VOZ DE LA TÓRTOLA SE HA ESCUCHADO EN NUESTRA TIERRA

Un sábado de mil quinientos treinta y uno, a pocos días del mes de diciembre, un indio de nombre Juan Diego iba muy de madrugada del pueblo en que residía a Tlatelolco, a tomar parte en el culto divino y a escuchar los mandatos de Dios. Al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyac, amanecía, y escuchó que le llamaban de arriba del cerrillo:

«Juanito, Juan Dieguito.»

ÉI subió a la cumbre y vio a una señora de sobrehumana grandeza, cuyo vestido era radiante como el sol, la cual, con palabra muy blanda y cortés, le dijo:

«Juanito, el más pequeño de mis hijos, sabe y ten entendido que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen. Ve al Obispo de México a manifestarle lo que mucho deseo. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo.»

Cuando llegó Juan Diego a presencia del Obispo don fray Juan de Zumárraga, religioso de san Francisco, éste pareció no darle crédito y le respondió:

«Otra vez vendrás y te oiré más despacio.»

Juan Diego volvió a la cumbre del cerrillo, donde la Señora del Cielo le estaba esperando, y le dijo:

«Señora, la más pequeña de mis hijas, niña mía, expuse tu mensaje al Obispo, pero pareció que no lo tuvo por cierto. Por lo cual te ruego que le encargues a alguno de los principales que lleve tu mensaje para que le crean, porque yo soy sólo un hombrecillo.»

Ella le respondió:

«Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, que otra vez vayas mañana a ver al Obispo y le digas que yo en persona, la siempre Virgen santa María, Madre de Dios, soy quien te envío.»

Pero al día siguiente, domingo, el Obispo tampoco le dio crédito y le dijo que era muy necesaria alguna señal para que se le pudiera creer que le enviaba la misma Señora del Cielo. Y le despidió.

El lunes, Juan Diego ya no volvió. Su tío Juan Bernardino se puso muy grave y, por la noche, le rogó que fuera a Tlatelolco muy de madrugada a llamar un sacerdote que fuera a confesarle.

Salió Juan Diego el martes, pero dio vuelta al cerrillo y pasó al otro lado, hacia el oriente, para llegar pronto a México y que no lo detuviera la Señora del Cielo. Mas ella le salió al encuentro a un lado del cerro y le dijo:

«Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, en mi regazo? No te aflija la enfermedad de tu tío. Está seguro de que ya sanó. Sube ahora, hijo mío, a la cumbre del cerrillo, donde hallarás diferentes flores; córtalas y tráelas a mi presencia.»

Cuando Juan Diego llegó a la cumbre, se asombró muchísimo de que hubiesen brotado tantas exquisitas rosas de Castilla, porque a la sazón encrudecía el hielo, y las llevó en los pliegues de su tilma a la Señora del Cielo. Ella le dijo:

«Hijo mío, ésta es la prueba y señal que llevarás al Obispo para que vea en ella mí voluntad. Tú eres mi embajador muy digno de confianza.»

Juan Diego se puso en camino, ya contento y seguro de salir bien. Al llegar a la presencia del Obispo, le dijo: «Señor, hice lo que me ordenaste. La Señora del Cielo condescendió a tu recado y lo cumplió. Me despachó a la cumbre del cerrillo a que fuese a cortar varias rosas de Castilla, y me dijo que te las trajera y que a ti en persona te las diera. Y así lo hago, para que en ellas veas la señal que pides y cumplas su voluntad. Helas aquí: recíbelas.»

Desenvolvió luego su blanca manta, y, así que se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen santa María, Madre de Dios, de la manera que está y se guarda hoy en su templo del Tepeyac.

La ciudad entera se conmovió, y venía a ver y a admirar su devota imagen y a hacerle oración, y, siguiendo el mandato que la misma Señora del Cielo diera a Juan Bernardino cuando le devolvió la salud, se le nombró, como bien había de nombrarse: «la siempre Virgen santa María de Guadalupe.»

RESPONSORIO Ct 2, 14; Ap 12, 1

R. Paloma mía, que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del barranco, déjame ver tu figura. * Déjame escuchar tu voz, permíteme ver tu rostro, porque es muy dulce tu hablar y gracioso tu semblante.
V. Y una gran señal apareció en el cielo: una Mujer vestida del sol, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
R. Déjame escuchar tu voz, permíteme ver tu rostro, porque es muy dulce tu hablar y gracioso tu semblante.

Dogmas sobre la Virgen María

"DOGMAS DE MARÍA"

Antes de definir los dogmas acerca de la Virgen María, lo invito a conocer ¿Que es DOGMA DE FE?
La Iglesia nos enseña los siguientes dogmas:

LA MATERNIDAD DIVINA
LA INMACULADA CONCEPCIÓN
LA PERPETUA VIRGINIDAD
LA ASUNCION A LOS CIELOS

Que es Dogma de Fe?

Siguiendo el catecismo,

87 Los fieles, recordando la palabra de Cristo a sus Apóstoles: "El que a vosotros escucha a mi me escucha" (Lc 10,16; cf. LG 20), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas.

88 El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.

89 Existe un vínculo orgánico entre nuestra vida espiritual y los dogmas. Los dogmas son luces en el camino de nuestra fe, lo iluminan y lo hacen seguro. De modo inverso, si nuestra vida es recta, nuestra inteligencia y nuestro corazón estarán abiertos para acoger la luz de los dogmas de la fe (cf. Jn 8,31-32).

    31 Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él:
         «Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos:
      32 conocerán la verdad y la verdad los hará libres».

Dogmas acerca de la Virgen María

El dogma de la PERPETUA VIRGINIDAD

¿EN QUÉ CONSISTE? 

El Dogma de la PERPETUA VIRGINIDAD consiste en que
la Madre de Dios conservó plena y perdurablemente su Virginidad. Es decir, fue Virgen antes del parto, en el parto y perpetuamente, después del parto. La Iglesia afirma este Dogma desde el Credo compuesto por los Apóstoles. El Concilio Vaticano II dice:

"Ella es aquella Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, que se llamará Emmanuel" (Const. Dogmática Lumen Gentium, n 55).

La virginidad de María, verdad de fe, JPII, audiencia general, 10 JUL 1996
El propósito de virginidad, JPII, audiencia general, 24 JUL 1996
La concepción virginal de Jesús, JPII, audiencia general, 31 JUL 1996
María, modelo de virginidad, JPII, audiencia general, 7 AGO 1996
La unión virginal de María y José, JPII, audiencia general, 21 AGO 1996
María siempre virgen, JPII, audiencia general, 28 AGO 1996
Otros DOGMAS:

El dogma de la MATERNIDAD DIVINA

¿EN QUÉ CONSISTE?

El dogma de la MATERNIDAD DIVINA consiste en que
la Virgen María es verdadera Madre de Dios, por haber engendrado por obra del Espíritu Santo y dado a la luz a Jesucristo, no en cuanto a su Naturaleza Divina, sino en cuanto a la Naturaleza humana que había asumido. La Iglesia afirma este Dogma desde siempre, y lo definió solemnemente en el Concilio de Efeso (siglo V). El Concilio Vaticano II menciona esta verdad con las siguientes palabras:

"Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades" (Const. Dogmática Lumen Gentium, Num 66).

María, Madre de Dios, JPII, audiencia general, 27 nov 1996
María, educadora del Hijo de Dios, JPII, audiencia general, 4 dic 1996

Otros DOGMAS:

CREO en la resurrección de la carne

En la oración del Credo
988 El Credo cristiano -profesión de nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en su acción creadora, salvadora y santificadora- culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna.

298 Dios puede por el Espíritu Santo dar la vida del cuerpo a los difuntos mediante la Resurrección. El dá la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean Rom 4,17

989 Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que El los resucitará en el último día (Jn 6, 39-40).

La resurrección obra de la Santísima Trinidad:
Si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11 ir a estas citas).

Que significa la resurrección de la carne?
990 El término "carne" designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6 ir a estas citas). La "resurrección de la carne" significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros "cuerpos mortales" (Rm 8, 11) volverán a tener vida.

La resurrección elemento esencial de la fe:
991 Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. "La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella" (Tertuliano, De resurrectione carnis, 1.1):

¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe... ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron (1 Co 15, 12-14. 20 ).

Dios reveló a su pueblo la resurrección de la carne

La resurrección antes de Jesús
992 La resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su Pueblo. La esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia intrínseca de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. El creador del cielo y de la tierra es también Aquél que mantiene fielmente su Alianza con Abraham y su descendencia. En esta doble perspectiva comienza a expresarse la fe en la resurrección.

En sus pruebas, los mártires Macabeos confiesan:
El Rey del mundo a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna (2 M 7, 9 ). Es preferible morir a manos de los hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él (2 M 7, 14; cf. 7, 29; Dn 12, 1-13).

La resurrección en tiempos de Jesús
993 Los fariseos (cf. Hch 23, 6 ) y muchos contemporáneos del Señor (cf. Jn 11, 24) esperaban la resurrección. Jesús la enseña firmemente. A los saduceos que la niegan responde: "Vosotros no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios, vosotros estáis en el error" (Mc 12, 24). La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios que "no es un Dios de muertos sino de vivos" (Mc 12, 27).

994 Pero hay más: Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su propia persona: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25). Es el mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en él. (cf. Jn 5, 24-25; 6, 40) y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre (cf. Jn 6, 54). En su vida pública ofrece ya un signo y una prenda de la resurrección devolviendo la vida a algunos muertos (cf. Mc 5, 21-42; Lc 7, 11-17; Jn 11), anunciando así su propia Resurrección que, no obstante, será de otro orden. De este acontecimiento único, El habla como del "signo de Jonás" (Mt 12, 39), del signo del Templo (cf. Jn 2, 19-22): anuncia su Resurrección al tercer día después de su muerte (cf. Mc 10, 34).

Punto de contradicción
995 Ser testigo de Cristo es ser "testigo de su Resurrección" (Hch 1, 22; cf. 4, 33), "haber comido y bebido con El después de su Resurrección de entre los muertos" (Hch 10, 41). La esperanza cristiana en la resurrección está totalmente marcada por los encuentros con Cristo resucitado. Nosotros resucitaremos como El, con El, por El.

996 Desde el principio, la fe cristiana en la resurrección ha encontrado incomprensiones y oposiciones (cf. Hch 17, 32; 1 Co 15, 12-13). "En ningún punto la fe cristiana encue ntra más contradicción que en la resurrección de la carne" (San Agustín, psal. 88, 2, 5). Se acepta muy comúnmente que, después de la muerte, la vida de la persona humana continúa de una forma espiritual. Pero ¿cómo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la vida eterna?

Cómo resucitaran los muertos?

LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS / 

LA RESURRECCION DE LA CARNE. “Cristo dará nueva vida a sus cuerpos mortales” (Romanos 8,11).

¿Que es resucitar?
997 En la muerte, separación del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.

¿Quién resucitará?
998 Todos los hombres que han muerto:"los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5, 29; cf. Dn 12, 2).
 

¿Como?
999 Cristo resucitó con su propio cuerpo: "Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo" (Lc 24, 39); pero El no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en El "todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora" (Cc de Letrán IV: DS 801), pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de gloria" (Flp 3, 21), en "cuerpo espiritual" (1 Co 15, 44):
Pero dirá alguno: ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano..., se siembra corrupción, resucita incorrupción; ... los muertos resucitarán incorruptibles. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad (1 Cor 15,35-37. 42. 53).
 

1000 Este "cómo" sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe. Pero nuestra participación en la Eucaristía nos da ya un anticipo de la transfiguración de nuestro cuerpo por Cristo:
Así como el pan que viene de la tierra, después de haber recibido la invocación de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucaristía, constituida por dos cosas, una terrena y otra celestial, así nuestros cuerpos que participan en la eucaristía ya no son corruptibles, ya que tienen la esperanza de la resurrección (San Ireneo de Lyon, haer. 4, 18, 4-5).

 ¿Cuándo?
1001  Sin duda en el "último día" (Jn 6, 39-40. 44. 54; 11, 24); "al fin del mundo" (LG 48). En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:
El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar (1 Ts 4, 16).


Conozca todo lo que es la RESURRECCIÓN 

Morir en Cristo Jesús

Que se necesita para resucitar con Cristo?

1005 Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2 Co 5,8). En esta "partida" (Flp 1,23) que es la muerte, el alma se separa del cuerpo. Se reunirá con su cuerpo el día de la resurrección de los muertos (cf. SPF 28).

La muerte es "salario del pecado"
1006 "Frente a la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su cumbre" (GS 18). En un sentido, la muerte corporal es natural, pero por la fe sabemos que realmente es "salario del pecado" (Rm 6, 23;cf. Gn 2, 17). Y para los que mueren en la gracia de Cristo, es una participación en la muerte del Señor para poder participar también en su Resurrección (cf. Rm 6, 3-9; Flp 3, 10-11).

La muerte es el final de la vida terrena.
1007  Nuestras vidas están medidas por el tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de la vida. Este aspecto de la muerte da urgencia a nuestras vidas: el recuerdo de nuestra mortalidad sirve también par hacernos pensar que no contamos más que con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida:

Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, ... mientras no vuelva el polvo a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio (Qo 12, 1. 7).


La muerte es consecuencia del pecado.
1008  Intérprete auténtico de las afirmaciones de la Sagrada Escritura (cf. Gn 2, 17; 3, 3; 3, 19; Sb 1, 13; Rm 5, 12; 6, 23) y de la Tradición, el Magisterio de la Iglesia enseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre (cf. DS 1511). Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. Por tanto, la muerte fue contraria a los designios de Dios Creador, y entró en el mundo como consecuencia del pecado (cf. Sb 2, 23-24). "La muerte temporal de la cual el hombre se habría liberado si no hubiera pecado" (GS 18), es así "el último enemigo" del hombre que debe ser vencido (cf. 1 Co 15, 26).

La muerte transformada por Cristo
1009 La muerte fue transformada por Cristo. Jesús, el Hijo de Dios, sufrió también la muerte, propia de la condición h umana. Pero, a pesar de su angustia frente a ella (cf. Mc 14, 33-34; Hb 5, 7-8), la asumió en un acto de sometimiento total y libre a la voluntad del Padre.La obediencia de Jesús transformó la maldición de la muerte en bendición (cf. Rm 5, 19-21).

El sentido de la muerte cristiana

Tiene un sentido provechoso
1010 Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. "Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia" (Flp 1, 21). "Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él" (2 Tm 2, 11). La novedad esencial de la muerte cristiana está ahí: por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente "muerto con Cristo", para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este "morir con Cristo" y perfecciona así nuestra incorporación a El en su acto redentor:

Para mí es mejor morir en Cristo Jesús que reinar de un extremo a otro de la tierra. Lo busco a El, que ha muerto por nosotros; lo quiero a El, que ha resucitado por nosotros. Mi parto se aproxima ...Dejadme recibir la luz pura; cuando yo llegue allí, seré un hombre (San Ignacio de Antioquía, Rom. 6, 1-2).

"Deseo partir y estar con Cristo"
1011 En la muerte Dios llama al hombre hacia Sí. Por eso, el cristiano puede experimentar hacia la muerte un deseo semejante al de San Pablo: "Deseo partir y estar con Cristo" (Flp 1, 23); y puede transformar su propia muerte en un acto de obediencia y de amor hacia el Padre, a ejemplo de Cristo (cf. Lc 23, 46):

Mi deseo terreno ha desaparecido; ... hay en mí un agua viva que murmura y que dice desde dentro de mí "Ven al Padre" (San Ignacio de Antioquía, Rom. 7, 2).

Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir (Santa Teresa de Jesús, vida 1).
Yo no muero, entro en la vida (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).

1012 La visión cristiana de la muerte (cf. 1 Ts 4, 13-14) se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia:
La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.(MR, Prefacio de difuntos).

"Se muere una sola vez", no hay reencarnación
1013 La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin "el único curso de nuestra vida terrena" (LG 48), ya no volveremos a otras vidas terrenas. "Está establecido que los hombres mueran una sola vez" (Hb 9, 27). No hay "reencarnación" después de la muerte.

Estas preparado para la hora de la muerte?

1014 La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte ("De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor": antiguas Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros "en la hora de nuestra muerte" (Ave María), y a confiarnos a San José, Patrono de la buena muerte:

Habrías de ordenarte en toda cosa como si luego hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia no temerías mucho la muerte. Mejor sería huir de los pecados que de la muerte. Si hoy no estás aparejado, ¿cómo lo estarás mañana? (Imitación de Cristo 1, 23, 1).

Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
(San Francisco de Asís, cant.)

MURAMOS CON CRISTO, Y VIVIREMOS CON ÉL

Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia


Del Libro de san Ambrosio, obispo, Sobre la muerte de su hermano Sátiro
(Libro 2, 40. 41. 46. 47. 132. 133: CSEL 73, 270-274. 323-324)

Vemos que la muerte es una ganancia y la vida un sufrimiento. Por esto dice san Pablo: Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Cristo, a través de la muerte corporal, se nos convierte en espíritu de vida. Por tanto, muramos con él, y viviremos con él. En cierto modo debemos irnos acostumbrando y disponiendo a morir, por este esfuerzo cotidiano que consiste en ir separando el alma de las concupiscencias del cuerpode click aquí para continuar leyendo

La Palabra De Dios Es Viva Y Eficaz

De click en los siguientes enlaces:
La palabra de Dios en la Biblia 
La palabra de Dios para el día de hoy  
PAN Y AGUA ESPIIRITUALES, alimentos de vida eterna 
De los Tratados de Balduino de Cantorbery, obispo
(Tratado 6: PL 204, 451-453)
 

La palabra de Dios es viva, eficaz y tajante más que espada de dos filos. Los que buscan a Cristo, palabra, fuerza y sabiduría de Dios, descubren por esta expresión de la Escritura toda la grandeza, fuerza y sabiduría de aquel que es la verdadera palabra dé Dios y que existía ya antes del comienzo de los tiempos y, junto al Padre, participaba de su misma eternidad. Cuando llegó el tiempo oportuno, esta palabra fue revelada a los apóstoles, por ellos el mundo la conoció y el pueblo de los creyentes la recibió con humildad. Esta palabra existe, por tanto, en el seno del Padre, en la predicación de quienes la proclaman y en el corazón de quienes la aceptan.

Está palabra de Dios es viva, ya que el Padre le ha concedido poseer la vida en sí misma, como el mismo Padre posee la vida en sí mismo. Por lo cual hay que decir que esta palabra no sólo es viva, sino que es la misma vida, como afirma el propio Señor, cuando dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Precisamente porque esta palabra es la vida es también viva y vivificante; por esta razón está escrito: Lo mismo que el Padre resucita a los muertos, devolviéndoles la vida, así también el Hijo dispensa la vida a los que quiere. Es vivificante cuando llama a Lázaro del sepulcro, diciendo al que estaba muerto: Lázaro, sal fuera.

Cuando esta palabra es proclamada, la voz del predicador resuena exteriormente pero su fuerza es percibida interiormente y hace revivir a los mismos muertos, y su sonido engendra para la fe nuevos hijos de Abraham. Es, pues, viva esta palabra en el corazón del Padre, viva en los labios del predicador, viva en el corazón del que cree y ama. Y si de tal manera es viva, es también, sin duda, eficaz.

Es eficaz en la creación del mundo, eficaz en el gobierno del universo, eficaz en la redención de los hombres. ¿Qué otra cosa podríamos encontrar más eficaz y más poderosa que esta palabra? ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, pregonar toda su alabanza? Esta palabra es eficaz cuando actúa y eficaz cuando es proclamada; jamás vuelve vacía, sino que siempre produce fruto cuando es enviada.

Es eficaz y tajante más que espada de dos filos para quienes creen en ella y la aman. ¿Qué hay, en efecto, imposible para el que cree o difícil para el que ama? Cuando esta palabra resuena, penetra en el corazón del creyente como sise tratara de flechas de arquero afiladas; y lo penetra tan profundamente que atraviesa hasta lo más recóndito del espíritu; por ello se dice que es más tajante que una espada de dos filos, más incisiva que todo poder o fuerza, más sutil que toda agudeza humana, más penetrante que toda la sabiduría y todas las palabras de los doctos.

RESPONSORIO Sir 1, 5. 16

R. La fuente de la sabiduría es la palabra de Dios en el cielo, * y sus canales son los mandamientos eternos.
V. El principio de la sabiduría es el temor del Señor.
R. Y sus canales son los mandamientos eternos.


QUE ES DOGMA DE FE? 

El matrimonio, el mejor antídoto contra la violencia en la pareja

Según un estudio del Instituto de Política Familiar

MADRID, lunes 26 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- El matrimonio se ha convertido en el mejor antídoto contra la violencia en la pareja, según un estudio del Instituto de Política Familiar publicado la semana pasada, que analiza datos de los últimos ocho años en España.

Según el estudio, el matrimonio es la forma de convivencia en la que se producen menos homicidios. Concretamente, por cada homicidio que se produce en un matrimonio, se producen más de 12 homicidios en las relaciones sentimentales.

El matrimonio también es, con gran diferencia, donde se producen menos órdenes de protección. Por cada una que se produce en un matrimonio, se producen más de diez en los otros tipos de relaciones.

Entre las conclusiones del estudio, se encuentra la que afirma que la violencia de las parejas tiene una gran incidencia en las parejas rotas.En este sentido, uno de cada tres homicidios se produce en parejas que han roto la relación y sobre todo en las exparejas con relaciones sentimentales, y dos de cada tres muertes en parejas rotas se producen en las exrelaciones sentimentales.

¿Tenemos el enemigo dentro?

No podemos dejar que ese enemigo interior nos robe el tesoro más grande, más importante, más profundo que hemos recibido.

  • El enemigo está dentro cuando en la familia los padres no van a misa.
  • El enemigo está dentro cuando la televisión es vista por todos y en todo momento, sin una sana disciplina
  • El enemigo está dentro cuando lo que más importa es la manera de ganar dinero, de divertirse el fin de semana, de buscar el último grito de la técnica, mientras todo son quejas cuando experimentamos las estrecheces de la vida.
  • El enemigo está dentro cuando la castidad ha dejado de ser un valor,
  • El enemigo está dentro cuando pisoteamos una y mil veces la fama de nuestros hermanos;
  • Cuando hemos olvidado el consejo de Cristo: “Velad y orad, para que no caigáis en tentación” (Mt 26,41);
  • cuando nos hemos acomodado al mundo presente y ya no somos capaces de practicar la abnegación cristiana (cf. Rm 12,1-2);

Lo invito a leer el artículo completo  http://docs.google.com/Doc?docid=0AQGmMHwMAxOPZGc4N2tiZ3ZfMjQ3M2pmYnJiYzg&hl=es

Te avergüenzas de tu Fe?.

 El EVANGELIO es fuerza de salvación para todo el que cree. ( Romanos 1,16)

Y no hay disculpa,
"El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra"
"Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje."Sal 18 (19), 2-3. 4-5.


"porque, conociendo a Dios, no le hemos dado la gloria y las gracias que Dios se merece, al contrario, nuestro razonamiento (yo creo..., yo pienso...) acaba en vaciedades, y nuestra mente insensata se sumerge en tinieblas, Alardeando de sabios, resultamos unos necios que cambiamos la gloria del Dios inmortal, al Dios verdadero por uno falso, adorando y dando culto a la criatura en vez de al Creador. (Romanos 1, 21-25)

Prudencia y sabiduría

Enséñanos Señor a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. (salmo 90,12)


Los que buscan a Dios no carecen de nada.





Sabiduría (7, 7-11)
Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino sobre mí el espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza.
No se puede comparar con la piedra más preciosa, porque todo el oro, junto a ella, es un poco de arena y la plata es como lodo en su presencia.
La tuve en más que la salud y la belleza; la preferí a la luz, porque su resplandor nunca se apaga. Todos los bienes me vinieron con ella; sus manos me trajeron riquezas incontables.


Marcos 10, 17-30
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna.» «Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús»

Hay que pedirle a Dios la sabiduría y la prudencia, que nos libera de los apegos de este mundo, de todo lo que nos esta impidiendo, reconocer a Jesús como Señor.

Elogio a la Madre de Jesús


Lucas 11, 27-28

Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero Él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan». 



La Santísima Virgen María no es  alabada y querida, no tanto, por el hecho físico de llevar a Jesús en el seno y alimentarlo, sino por algo infinitamente más grande: cumplir la voluntad de Dios y perseverar en ella todos los días de su vida. 

¿Cómo se paga la amistad con Cristo?

TOMADO DE WWW.CATHOLIC.NET
Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. (Deuteronomio 4,32-40)

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.(Mateo 16, 24-28)

La amistad con Cristo no se paga con dinero, es gratis. Por eso es tan difícil lograrla, porque no se vende en ningún establecimiento. No es una mercancía, pero es el bien más cotizado del mundo. Y por desgracia, también el más desconocido.

¿Cómo se logra esa amistad? En primer lugar, haciéndose como Cristo. Para eso hay que empezar a conocerlo; leer el Evangelio, acudir a los sacramentos, dedicar momentos diarios a la oración, etc. Es necesario “empaparse” de sus enseñanzas, que son divinas. Es entonces cuando damos un fundamento sólido a nuestra vida cristiana.

Oración de San Bernardo

"Acuérdate Oh piadosísima Virgen María,
que jamás se oyó decir que hayas abandonado
a ninguno de cuantos han acudido a tu amparo,
implorando tu protección y reclamando tu auxilio.
Animado con esta confianza,
también yo acudo a ti, Virgen de las vírgenes,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados ,
me atrevo a comparecer ante tu soberana presencia.
No desprecies mis súplicas, Madre del Verbo Divino,
antes bien, óyelas y acógelas benignamente. Amén"

Oración del silencio


Enséñame oh Dios,
ese lenguaje silencioso que lo dice todo.
Enseña a mi alma a permanecer en silencio en Tu presencia.
Que pueda adorarte en las profundidades de mi ser
y esperar todas las cosas de TI,
sin pedirte nada más, que la ejecución de Tu voluntad.
Enséñame a permanecer callada bajo Tu acción
y producir en mi alma
esa profunda y sencilla oración
que nada dice y lo expresa todo.
Ora Tú en mi
para que mi oración tienda siempre a Tu Gloria
y que mis deseos estén siempre fijos en Ti.
Amén.

San Luis María Grignion de Montfort

Autor: María de Luján Torre
Luis María Grignion de Montfort, Santo

El santo de la verdadera devoción Mariana

La Divina Providencia preparó a este gran santo y lo dio al mundo al final del S. XVII hasta apenas comenzado el XVIII.
Morirá en 1716, habiendo realizado en tan corta carrera cantidad de misiones populares, echado los cimientos de dos congregaciones religiosas (que no llegó a ver en vida), restaurado templos de la Virgen ruinosos o abandonados y, sobre todo, arrancando las almas de las garras del jansenismo para devolverlas al amor ardiente de Dios, mediante la contemplación tierna de Jesús Crucificado y la verdadera devoción a María Santísima.
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DE MARIA NUNQUAM SATIS, "De María Nunca Sabremos lo Suficiente


NUNQUAM SATIS

VICTORIOSA FRENTE A TODAS LAS HEREJÍAS 

Cuando yo era un joven teólogo, antes e incluso durante las sesiones del Concilio, como sucedió y como le sucede todavía hoy a muchos, yo alimentaba algunas reservas sobre algunas fórmulas antiguas, como por ejemplo, la famosa de "María nunquam satis" - “de María nunca sabremos lo suficiente”- Esta me parecía exagerada.
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Lo invito a ser parte del INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

SIGNIFICADO DEL NOMBRE DE MARIA


-En el idioma arameo significa:
 "Señora" o "Princesa" (Bover).

-En el idioma hebreo es: "Hermosa" (Banderhewer).

-En el idioma egipcio que fue donde primero se utilizó este nombre significa:
 "La preferida de Yahvé Dios". (Éxodo 15, 20).

CRISTO es el CAMINO hacia la LUZ, la VERDAD y la VIDA

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO

De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de San JuanEl Señor dice: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Esta breve sentencia contiene un mandato y una promesa. Cumplamos, pues, lo que nos manda, y así tendremos derecho a esperar lo que nos promete. No sea que nos diga el día del juicio: «¿Ya hiciste lo que te mandaba, pues que esperas alcanzar lo que prometí?» «¿Qué es lo que mandaste, Señor, Dios nuestro?» Te dice: «Que me siguieras.» Has pedido un consejo de vida. ¿Y de qué vida sino de aquella acerca de la cual está escrito: En ti está la fuente viva? pulse aquí, para ver todo el tema

VIDENTE DE LOURDES

Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net
Bernardita Soubirous, Santa
Vidente de Lourdes, Abril 16


Bernardita Soubirous, Santa


Virgen



El 11 de febrero, fiesta de la Santísima Virgen de Lourdes, nos recuerda las apariciones de la Virgen a una niña de 14 años que no sabía ni leer ni escribir, pero que rezaba todos los días el rosario, Bernardita Soubirous. Nació en Lourdes en 1844 de padres muy pobres. Por medio de ella la Virgen hizo surgir la prodigiosa fuente del milagro, a la cual acuden peregrinos de todo el mundo para reavivar su fe y su esperanza. Muchos regresan de Lourdes curados también en su cuerpo. La Virgen, durante la segunda aparición, le dijo: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero sí en el otro”.

A pesar de haber sido dócil instrumento para extener la devoción a la Inmaculada, Bernardita no se contaminó con la gloria humana. El día que el obispo de Lourdes, ante 50.000 peregrinos, colocó la estatua de la Virgen sobre la roca de Massabielle, Bernardita tuvo que permanecer en su celda, víctima de un ataque de asma. Y cuando el dolor físico se hacía más insoportable, suspiraba: “No, no busco alivio, sino sólo la fuerza y la paciencia”. Su breve existencia transcurrió en la humilde aceptación del sufrimiento físico como generosa respuesta a la invitación de la Inmaculada para pagar con la penitencia el rescate de tantas almas que viven prisioneras del mal.

Mientras junto a la gruta de las apariciones se estaba construyendo un grande santuario para acoger a los numerosos peregrinos y enfermos en busca de alivio, Bernardita pareció desaparecer en la sombra. Pasó seis años en el instituto de Lourdes, de las Hermanas de la Caridad de Nevers, y en el que después fue admitida como novicia. Su entrada se demoró debido a su delicada salud. En la profesión tomó el nombre de Sor María Bernarda. Durante los quince años de vida conventual no conoció sino el privilegio del sufrimiento. Las mismas superioras la trataban con indiferencia, por un designio providencial que les impide a las almas elegidas la comprensión y a menudo hasta la benevolencia de las almas mediocres. Al principio fue enfermera dentro del convento, después sacristana, hasta cuando la enfermedad la obligó a permanecer en la cama, durante nueve años, siempre entre la vida y la muerte.

A quien la animaba le contestaba con la radiante sonrisa de los momentos de felicidad cuando estaba a la presencia de la blanca Señora de Lourdes: “María es tan bella que quienes la ven querrían morir para volver a verla”. Bernardita, la humilde pastorcita que pudo contemplar con sus propios ojos a la Virgen Inmaculada, murió el 16 de abril de 1879.

Fue beatificada el año 1935 y el Papa Pío XI la elevó al honor de los altares el 8 de diciembre de 1933.

CRISTO POR ADAN

Autor: Pedro García Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net
Cristo x Adán. O uno u otro
Meditaciones de San Pablo. Si por el delito de uno murieron todos, por otro hombre, Jesucristo, la gracia y el don de Dios se desbordan sobre todos

79.  Cristo x Adán. O uno u otro
79. Cristo x Adán. O uno u otro
¿No es cierto que conocemos bien la historia de Adán en el paraíso tal como la cuenta la Biblia?... Adán, el Adán pecador, éramos nosotros, éramos la Humanidad entera.
Y Dios le manda a un ángel:

- Ponte ante la puerta, espada llameante en mano, y cuida de que ese Adán no entre más aquí. No se le ocurra ahora venir de nuevo, coma del fruto del árbol de la vida, y se escape de la sentencia de muerte que pesa sobre él y su mujer… Desde entonces, no hay remedio. Nadie se ha escapado ni se libra de la muerte que nos persigue implacable.

¿Y si volviéramos a comer del árbol de la vida?...


- ¡Sí, coman, coman! -nos grita Pablo-. Que después de aquel Adán vino otro Adán muy diferente y con mucho más poder.

Este nuevo Adán se llama Jesús.

Nos metió a todos en un nuevo paraíso, y en él, como les dice Juan en su Revelación, “les quiere dar a comer del árbol de la vida, que está en el Paraíso de Dios” (Ap 2,7).

Si llevan las vestiduras blancas del Nuevo Adán -les sigue diciendo Juan en su Apocalipsis-, “podrán disponer del árbol de la vida y entrarán por las puertas de la ciudad”, el nuevo Paraíso en el que ya no se muere más (Ap 22,14)

¿Es cierto que Pablo nos puede hablar de esta manera?

Sin duda alguna. Pablo nos habla así.
Es ésta una idea que se me ocurre al abrir la carta a los Colosenses, donde les dice a sus destinatarios:

“Despójense del hombre viejo con sus obras, y revístanse del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar la imagen perfecta ideada por su Creador” (Col 3,10)

Esta doctrina sobre el viejo Adán del paraíso y el Nuevo que es Jesucristo, la desarrolla Pablo especialmente en la carta a los Romanos, donde enfrenta al Adán pecador con el nuevo Adán Jesucristo.
Vino del primero toda la ruina de la Humanidad: el pecado, la muerte, todos los males habidos y por haber.
Pero Dios restituyó todas las cosas en su debido orden merced al Nuevo Adán Jesucristo,
-que nos devolvió la vida de Dios al eliminar la culpa con la sangre de su Cruz;
-venció la muerte con su Resurrección,
-y nos hace entrar en el Paraíso de los cielos donde ya no se podrá morir.

Esta doctrina expuesta por Pablo tiene mucha aplicación en el mundo moderno.
Mientras en la sociedad viva robusto el hombre viejo, el Adán condenado por Dios, no habrá nunca ni honestidad, ni alegría, ni paz.
Mientras que si entra Jesucristo en las almas, en los hogares, en las naciones, surgirán por doquier los bienes que se perdieron por la culpa aquella del principio.

Pero, vaya; no saquemos consecuencias antes de escuchar a Pablo, al que vamos a dejar la palabra.
Y Pablo expone así su idea tan genial:
“Como por un hombre, Adán, entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, así la muerte alcanzó a todos los hombres, ya que todos pecaron”.

Pasa Pablo ahora a enfrentar a Jesucristo con Adán:
“Si por el delito de uno murieron todos, por otro hombre, Jesucristo, la gracia y el don de Dios se desbordan sobre todos” (Ro 5,12-15)
Ante estas palabras de San Pablo, nos preguntamos nosotros, por más que las respuestas nos las va a dar el mismo Pablo: ¿Qué fue más grande, la desgracia que nos trajo Adán o la gracia que nos trajo Jesucristo?

Y Pablo va comparando a uno con otro.
Adán nos trajo el pecado; Jesucristo nos dio la Vida.
Adán nos causó la muerte; Jesucristo nos mereció la Resurrección.
Adán nos hizo perder el árbol de la vida; con Jesucristo recobramos la Vida Eterna.
Adán nos hizo romper con Dios por el pecado y abrió la puerta a la muerte; Jesucristo nos dio acceso a Dios y nos abrió la puerta del Paraíso donde reina vida inmortal.
Adán, con el pecado, nos hizo esclavos de Satanás y candidatos para su misma condenación; Jesucristo nos mereció y dio la Gracia de Dios y con ella la Gloria eterna.

La influencia de un Adán y otro en la historia del mundo es muy diversa, y gana Jesucristo con mucho.
San Pablo lo dice con una de sus sentencias más célebres: “Donde abundó el pecado superabundó la gracia” (Ro 5,20)
¿El mundo inficionado por Adán? ¿Grande el influjo de Adán el rebelde? ¿Muerte segura de todos causada por un criminal loco?...
Dios sabe tomarse la revancha.
Jesucristo inunda el mundo con la gracia de Dios.
Jesucristo el Hombre que todo lo atrae hacia Sí, para entregarlo a Dios su Padre.
Jesucristo es la resurrección segura de todos los que han de morir.
Ante el reino de Satanás que desaparecerá con todos sus secuaces, Jesucristo instaura un Reino que será eterno en paz, felicidad y amor para todos los salvados.

Mirando el plan de Dios a la luz de San Pablo, el cuadro es optimista, esperanzador, lleno de luz.
Pero, de momento, vemos que continúan sobre el mundo las sombras, y muy densas todavía.
Hoy siguen enfrentados los dos reinos, el de Satanás iniciado con el Adán del paraíso, y el instituido por Jesucristo con su Cruz y su Resurrección.
No digamos que el reino de Satanás no tiene fuerza, aunque sabemos con certeza absoluta que será plenamente vencido.
Son muchos los que engrosan sus filas, y nos causan preocupación seria a los creyentes, pues queremos la salvación de todos.
Los individuos, las personas concretas, han de optar por Jesucristo. Esto, desde luego.
Pero les incumbe lo mismo a las familias, a las instituciones sociales, a las naciones con su legislación, que, manteniendo su secularidad, no pueden enfrentarse con la norma suprema que les dicta Dios.
La sociedad también ha de optar por el Adán del paraíso o el Jesucristo Restaurador de todo.

Dios expulsó del paraíso a Adán a fin de que no comiera del árbol de la vida, que le hubiera hecho vivir para siempre.

El fruto de aquel árbol imaginario lo sustituyó Jesucristo en su Iglesia por el Pan de Vida, la Eucaristía, el Cuerpo mismo de Jesucristo, el cual asegura con aplomo divino:
“El que coma de este pan vivirá eternamente, porque yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,54)

El odio de Satanás no iba a triunfar sobre el amor del Dios Creador y Padre de los hombres.
El orgulloso vencedor del paraíso se convirtió en el miserable vencido por una Cruz que aparece desnuda y un Sepulcro que sigue vacío…

Meditación sobre la pasión del Señor

De los Sermones de san León Magno, papa
(Sermón 15 Sobre la pasión del Señor, 3-4: PL 54, 366-367)

El que quiera venerar de verdad la pasión del Señor debe contemplar de tal manera, con los ojos de su corazón, a Jesús crucificado, que reconozca su propia carne en la carne de Jesús.

Que tiemble la tierra por el suplicio de su Redentor, que se hiendan las rocas que son los corazones de los infieles y que salgan fuera, venciendo la mole que los abruma, los que se hallaban bajo el peso mortal del sepulcro. Que se aparezcan ahora también en la ciudad santa, es decir, en la Iglesia de Dios, como anuncio de la resurrección futura, y que lo que ha de tener lugar en los cuerpos se realice ya en los corazones.

No hay enfermo a quien le sea negada la victoria de la cruz, ni hay nadie a quien no ayude la oración de Cristo. Pues si ésta fue de provecho para los que tanto se ensañaban con él, ¿cuánto más no lo será para los que se convierten a él?

La ignorancia ha sido eliminada, la dificultad atemperada, y la sangre sagrada de Cristo ha apagado aquella espada de fuego que guardaba las fronteras de la vida. La oscuridad de la antigua noche ha cedido el lugar a la luz verdadera.

El pueblo cristiano es invitado a gozar de las riquezas del paraíso, y a todos los regenerados les ha quedado abierto el regreso a la patria perdida, a no ser que ellos mismos se cierren aquel camino que pudo ser abierto por la fe de un ladrón.

Procuremos ahora que la ansiedad y la soberbia de las cosas de esta vida presente no nos sean obstáculo para conformarnos de todo corazón a nuestro Redentor, siguiendo sus ejemplos. Nada hizo él ni padeció que no fuera por nuestra salvación, para que todo lo que de bueno hay en la cabeza lo posea también el cuerpo.

En primer lugar, aquella asunción de nuestra substancia en la Divinidad, por la cual la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros, ¿a quién dejó excluido de su misericordia sino al que se resista a creer? ¿Y quién hay que no tenga una naturaleza común con la de Cristo, con tal de que reciba al que asumió la suya? ¿Y quién hay que no sea regenerado por el mismo Espíritu por el que él fue engendrado? Finalmente, ¿quién no reconoce en él su propia debilidad? ¿Quién no se da cuenta de que el hecho de tomar alimento, de entregarse al descanso del sueño, de haber experimentado la angustia y la tristeza, de haber derramado lágrimas de piedad es todo ello consecuencia de haber tomado la condición de siervo?

Es que esta condición tenía que ser curada de sus antiguas heridas, purificada de la inmundicia del pecado; por eso el Hijo único de Dios se hizo también hijo del hombre, de modo que poseyó la condición humana en toda su realidad y la condición divina en toda su plenitud.

Es, por tanto, algo nuestro aquel que yació exánime en el sepulcro, que resucitó al tercer día y que subió a la derecha del Padre en lo más alto de los cielos; de manera que, si avanzamos por el camino de sus mandamientos, si no nos avergonzamos de confesar todo lo que hizo por nuestra salvación en la humildad de su cuerpo, también nosotros tendremos parte en su gloria, ya que no puede dejar de cumplirse lo que prometió: A todo aquel que me reconozca ante los hombres lo reconoceré yo también ante mi Padre que está en los cielos.

RESPONSORIO 1Co 1, 18. 23

R. El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; * pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios.
V. Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles.
R. Pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios.

Habla San Pablo de la Virgen

¿Está María en San Pablo?... ¿Probamos a ver?

¿Quieren saber, amigas y amigos, la lamentación y la pregunta que se me dirigió un día?… Fue ésta: - ¡Ay! ¡Cómo siento no encontrar en las cartas de San Pablo nada sobre María! No sabe lo que me hubiera gustado el que Pablo nos dijera algo acerca de la Virgen!... ¿Por qué no se le ocurrió escribir algo sobre la Madre de Jesús?... Esto, lo que se me dijo una vez. Pero, ¿tenía razón quien así se lamentaba y quien hacía esa pregunta?... No, no tenía razón alguna. Porque Pablo, sin poner el nombre de María, la cita una sola vez expresamente a Ella, ¡y vaya lo que nos dice de la Virgen! Al pensar en sus palabras, nos encontramos con que María es la Madre de Dios y la Ma-dre nuestra. Es decir, confiesa la mayor grandeza de la Virgen-Madre, la mayor altura a que ha podido ascender una mujer: ¡Madre de Dios y Madre de todos los redimidos! Empecemos por las palabras de Pablo, que dice escribiendo a los de Galacia: “Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para liberar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos” (Gal 4,4-5) Miremos lo que teólogos eminentes y doctores en Sagrada Escritura nos dicen sobre estas palabras de Pablo, tal como las debemos leer en la Biblia. Esta expresión, “Cuando llegó la plenitud de los tiempos”, nos lleva atrás, muy atrás, en los días de la Biblia. Hasta David, cuando el rey judío recibe del profeta Natán el anuncio de que Dios le va a dar un vástago que será el Mesías, el Rey de los siglos eternos (2S 7,12-16) Hay que subir más atrás aún, hasta los Patriarcas como Abraham, a quien Dios prometía un descendiente, en el cual serían bendecidas todas las naciones del mundo (Gn 12,3) Pero hay que ir más atrás todavía, al paraíso, cuando peca Adán, y Dios le dice al demonio escondido en la serpiente: “Voy a poner enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ese descendiente de la mujer te machacará la cabeza” (Gn 3,15) Sin embargo, aún no estamos en lo último. Hemos de hundirnos en la eternidad de Dios, cuando Dios, como nos dice Pablo, nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo y decretó la encarnación de su Hijo (Ef 1,4) Al ver Dios a su Hijo que se hacía Hombre, veía también, sin poderla separar de Él, a la Mujer que le iba a dar la carne nuestra, la naturaleza nuestra, la que le iba a hacer un Hombre como nosotros. Por lo mismo, ¿dónde estaba María cuando Dios tomaba estas determinaciones y hacía estas promesas? María estaba en la mente de Dios, como la Mujer elegida que había de dar carne al Hijo de Dios, el cual sería Dios por ser el Hijo Unigénito de Dios, y sería también Hombre, hijo de una Mujer. La Biblia llama “la plenitud de los tiempos” al momento oportuno en que había de venir al mundo el Cristo prometido. Cumplida esa “plenitud de los tiempos” recordada por Pablo, ahí estaba a punto María, la predestinada por Dios desde toda la eternidad para ser la Madre de Jesucristo su Hijo. Al analizar las palabras de Pablo, nos encontramos con algo sorprendente. En el pueblo judío la mujer no figuraba para nada legalmente, sino sólo el varón. Por lo mismo, el Cristo debía venir y citarse siempre por el padre, nunca por la madre. Y así lo vemos en la genealogía del Evangelio. Pero Mateo, al llegar a José -con nombres sólo de varones, uno tras otro, como descendiente de David y de Abraham-, detiene su lista, y salta con sorpresa a estas palabras: “José, el esposo de María, de la cual nació Jesús” (Mt 1,16) No entra José para nada como padre de Jesús. Jesús no tiene más Padre que Dios, ni más Madre que María, una MADRE-VIRGEN. Pablo dice lo mismo que el Evangelio: “Dios mandó a su Hijo nacido de mujer”. Expresión clarísima de Maria la VIRGEN, tal como pensaba y lo sabía la Iglesia primitiva, conforme lo escribieron el Evangelio de Mateo y especialmente el de Lucas (Lc 1,35) Pablo supo todo esto directamente de los apóstoles que habían estado con Jesús. Nos dice él mismo que conversó ampliamente con Pedro, con Santiago el pariente del Señor, y vio a Juan, el cual tenía consigo a la misma Virgen María (Hch Gal 1,18-21)Por todos ellos se enteró Pablo muy bien de los orígenes humanos de Jesús. “Dios nos dio su Hijo, hecho de mujer, para que nosotros seamos hijos de Dios”. ¿Nos damos cuenta bien de lo que Pablo afirma? Pablo, al saber el origen humano de Jesús, no pudo hablar mejor de María. En sus palabras hallamos esta confesión fundamental de nuestra fe: Jesús es verdadero Dios y verdadero Hombre, tan perfecto Hombre como perfecto Dios. Y dice mucho más este afortunado texto de los Gálatas: por haber nacido Jesús de María, nosotros somos hijos de Dios. Había llegado la plenitud de los tiempos. Dios nos adoptaba como hijos suyos ya en el seno de María. Hijos adoptados, pero hijos de verdad, porque nos comunicaba su misma naturaleza divina en Cristo Jesús. Por Jesús, el Hijo de Dios e Hijo de María, los esclavos de la Ley se habían convertido en hijos amados de Dios. La Maternidad de María se nos muestra aquí en todo su esplendor. María es plenamente Madre, totalmente Madre. María es Madre de Cristo, porque le dio su ser de Hombre. María, al ser Madre de Cristo, es Madre de Dios, porque Cristo es Dios. María es Madre nuestra, porque nos llevó con Cristo encerrados en su seno bendito. Dios había elegido a María desde toda la eternidad para confiarle la misión más grandiosa que podía caber en una mujer: ser totalmente Madre, con una Maternidad que supera en grandeza los cielos y abarca en su amplitud a todas las gentes de la tierra. No cabe otra interpretación de las palabras de Pablo. En esta misión grandiosa y sublime de María, elegida por Dios desde toda la eternidad, se fundamenta el culto que los cristianos tributamos a María. Honrando a María, la gloria de este culto termina en Cristo su Hijo, de quien le viene a María, la Virgen Madre, toda su grandeza. Jesús, Hijo de Dios, es también Hijo de María, una Madre Virgen. Y siendo Madre de Jesús, es por lo mismo Madre espiritual de todos los redimidos. María, Madre de Dios. María, Madre nuestra. ¡Gracias, Pablo, por lo bien que nos lo has dicho!... _____________________________ Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección. Y en www.evangelicemos.net

"Madre amorosa para los jóvenes", el Papa

El Papa ofrece a la Virgen como modelo para los jóvenes


En el acto de veneración a la Virgen ayer en la Plaza de España
ROMA, martes 9 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI ofreció este lunes a la Virgen Inmaculada como modelo para los jóvenes, "joven mujer, llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor", durante el tradicional acto de veneración que todos los años la Ciudad de Roma celebra ante el monumento a la Virgen en la Plaza de España.
El Papa propuso a la Virgen como "madre amorosa para los jóvenes", y pidió su intercesión para que éstos "tengan el valor de ser 'centinelas de la mañana'"; así como para "todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de nuestra historia".
La Virgen, añadió, "es para todos signo de segura esperanza y consuelo", pues "nos ayuda a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos anima a permanecer despiertos, a no ceder a la tentación de evasiones fáciles, a afrontar la realidad, con sus problemas, con valor y responsabilidad".
Benedicto XVI se refirió a esta advocación de la Virgen tan querida para los católicos y especialmente tan venerada en Roma, y recordó que aunque el dogma no se proclamó hasta 1854, "la convicción sobre la inmaculada concepción de María existía ya muchos siglos antes".
Recordó también, con motivo de la clausura del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes, que ése fue el título con el que la "hermosa Señora" se dio a conocer a santa Bernardette, confirmando el contenido del dogma proclamado unos años antes por Pío IX.
En referencia a la tradicional entrega, en ese día, de un cesto de rosas blancas por parte del Papa a la Virgen, Benedicto XVI explicó que esas rosas simbolizan no sólo "lo bello", sino también "las espinas, que para nosotros representan las dificultades, los sufrimientos, los males que marcan las vidas de las personas y de nuestras comunidades".
A la Madre "se presentan las alegrías, pero se confían también las preocupaciones, seguros de encontrar en ella conforto para no abatirnos, y apoyo para seguir adelante".
"Como un hijo eleva los ojos al rostro de su mamá y, viéndolo sonriente, olvida todo miedo y dolor, así nosotros, volviendo la mirada a María, reconocemos en ella la "sonrisa de Dios", el reflejo inmaculado de la luz divina, encontramos en ella nueva esperanza incluso en medio de los problemas y los dramas del mundo", añadió.
Finalmente, el Papa ofreció a la Virgen a la Ciudad de Roma, "especialmente a los niños, sobre todo a aquellos gravemente enfermos, a los chicos desfavorecidos y a quienes sufren las consecuencias de situaciones familiares duras".